lunes, 8 de diciembre de 2008

QUE LA SANGRE NO OCULTE LAS HERIDAS


La única forma de prevenir la lacra de la violencia de género es desarrollando la Igualdad. Los avances legislativos y las esferas de actividad conquistadas por un amplio sector de mujeres no pueden llamarnos a engaño. El trabajo no está concluido. La igualdad real está en mantillas y esto no puede simplificarse reduciéndolo a la esfera de lo doméstico. Es toda una cultura, una concepción de la vida, la que se tambalea y cuyos cimientos se resquebrajan cuando las mujeres deciden convertirse en dueñas de su destino; cuando asumen su libertad y responsabilidades de forma semejante a sus equivalentes humanos. Un fenómeno de consecuencias sociales económicas y emocionales de una magnitud no valorada en toda su dimensión.
La construcción de la Igualdad es un proceso conflictivo, una situación donde la fractura y el caos están presentes como elementos inevitables de una crisis, de la descomposición de un orden viejo, cuyo final alumbrará otra concepción de la vida y nuevos roles para hombres y mujeres.
La dificultad de este proceso está mostrando su lado más doloroso y también más llamativo, tal vez el freno intuido como más contundente para detener la carrera de las mujeres en pos de su propia libertad: la violencia de género, que incluye tanto los diversos tipos de maltrato como la muerte.
La sangre es demasiado llamativa y es difícil no posicionarse cuando mana de las heridas infligidas por el maltratador. Pero incidir solo en este hecho, aislándolo a la hora del combate, puede ser una trampa de difícil y lenta salida. Podemos ser un buen número poniendo voz a la condena de la violencia, y uno bien exiguo a la hora de arrimar el hombro para erradicar las causas. La sociedad se alarma pero no está identificada con las víctimas. Incluso la alarma es pequeña: la violencia de género ocupa el puesto número 23 en el orden de nuestras preocupaciones, está muy lejos de producir la reacción necesaria y más aún de generar la implicación indispensable para trabajar en las raíces y desarrollo del fenómeno, a fin de prevenirlo y erradicarlo.
La violencia con resultado de lesiones o de muerte solo es el final de un grave proceso de discriminación y minusvaloración social de las mujeres, que antes de los golpes ya han sido psíquicamente maltratadas por sus compañeros. Es el síntoma más grave de una enfermedad crónica, que requiere un tratamiento de gran calado: una serie de actuaciones educativas tanto regladas como no formales que complementen y se enmarquen en todo el avance legislativo conseguido, una serie de medidas correctoras de la discriminación y de las cargas que lastran su desarrollo personal o profesional. Es así como se construye la igualdad, como se cambian hábitos y actitudes, como se educa en otro concepto de relación humana entre diferentes sexos. Pero esto conlleva una pérdida de prerrogativas ancestrales y genera una resistencia cuyo alcance y riesgo empezamos a conocer y debemos prevenir. Porque el peligro acecha, también, a las mujeres que se implican en el esfuerzo transformador de una sociedad que permite injustas desigualdades con sus congéneres, que mira hacia otro lado o se disculpa con otras ocupaciones cuando se trata de erradicar una lacra tan vergonzante como la violencia machista que no cesa. Las amenazas y el insulto, preludios de mayores peligros empiezan a llegar organizadamente a sedes de asociaciones y a líderes feministas. Son también las manifestaciones más llamativas de una resistencia latente que se ejerce, más solapadamente, en muchos ámbitos sociales desde hace mucho tiempo con las mujeres dedicadas a esta causa.
La construcción de la Igualdad es un proceso duro y solo está en sus comienzos: ¡no nos equivoquemos! La justicia y los hospitales no evitan que muchas mujeres acaben en los cementerios. Hay que llevar a cabo una ingente tarea intermedia.¡Pongámonos todas y todos a ello!


jueves, 20 de noviembre de 2008

AGRADECEMENTO A UN OURENSAN ILUSTRE


Do xeito que eu entendo, do xeito que eu falo, quero ser unha mais que se suma a tua homenaxe. ¡GRAZAS MARCOS!
Tengo conocimiento, desde la distancia, de la próxima publicación de tu libro de historia sobre Ourense. También del homenaje que mucha gente, conocedora de tu gran labor investigadora, y de tu esfuerzo dinamizador de la cultura, quiere y va a hacerte.
Tengo el propósito de acompañarte ese día en el acto del Liceo, aunque también percibo dificultades que me lo pueden impedir. En cualquier caso, el pensamiento y el sentimiento tienen menos trabas que el cuerpo para salvar las distancias, y de algún modo, aunque sea invisible, te acompañaré para agradecerte que ese afán dinamizador cultural tuyo me haya permitido presentar mi libro, Coincidimos un tiempo, hace años en el Liceo de mi ciudad de origen, de nuestra querida ciudad. También por haberme invitado a tomar parte en la lectura homenaje a Carlos Casares, con hermosos textos en gallego, que me permitieron la emotiva vivencia de sentirme de verdad vinculada a la cultura de mi tierra, en mis estancias, siempre cortas en comparación con mi deseo, en Ourense.
Nuestros contactos han sido escasos pero suficientes para ser productivos culturalmente hablando, y de un valor emocional indescriptible para mi. Suficientes también para poder valorar tu gran contribución a la viveza intelectual de una ciudad maravillosa y todavía tan desconocida en todos sus aspectos.
En mis próximas visitas, como otras veces, no dudo que nos encontraremos de paso por las enlosadas rúas de nuestra amada ciudad, como parte que somos, de un modo u otro, do xeito posible, de la vida que late en ella.

lunes, 3 de noviembre de 2008

¡COBARDES!


Una vez más tengo que abrir una entrada de luto y tratar este tema que me avergüenza entristece y atemoriza ¡Y no me voy a callar!
Solamente se callan las personas cobardes que ven lo que pasa y se empeñan en pasar de largo y mirar hacia otro lado, en hablar de otra cosa. Pero yo no voy a guardar silencio y, además, voy a llamarles cobardes a la cara a quienes se denominan personas de bien y no se solidarizan con las victimas de la violencia. Cobardes quienes lo dejan pasar esperando que un eterno cambio generacional lo solucione. Cobardes los colectivos que no se pronuncian, las asociaciones de mujeres que no utilizan la fuerza de su representatividad para solidarizarse con las víctimas. Cobardes todas las que se esconden bajo el ala de una discreción falsa, para no protestar contra cada caso de asesinato de sus congéneres. Las que callan para no disgustar a los familiares o amigos. Cobardes los hombres que no expresan vergüenza y repulsa por el comportamiento de los asesinos y maltratadores de mujeres.
¡Cobardes, cobardes, cobardes! Los púlpitos desde los que no se les condena.
Hoy, tres de noviembre, a la hora en que escribo ya hay tres mujeres muertas a manos de hombres.
Aún no me había recuperado del impacto de la lapidación de una niña de catorce años en el tercer mundo, cuando en este país unos muchachos matan a una compañera de Instituto y un adulto a dos mujeres. ¿Habrán escuchado estos sujetos, alguna vez, palabras de condena de la violencia en su medio próximo?
Apostaría a que se sienten héroes. Pero no sería así si la repulsa de tales conductas fuese una constante en su entorno.

viernes, 31 de octubre de 2008

Pensando en Milan Kundera: SOLO SE APEDREA AL ÁRBOL QUE TIENE FRUTO


¡Calumnia que algo queda!
Esta frase la pronuncia casi siempre quien la sufre, porque quien daña no suele proclamarlo. Pero el hecho se produce con frecuencia aunque la palabra haya caído en desuso. Ahora se dice desprestigiar, que origina resultados parecidos pero no tiene la contundencia sonora ni semántica del verbo calumniar. Sin embargo se calumnia, con el desprestigio y el dolor consiguientes.
Recientemente me he visto involucrada en una serie de acontecimientos, que aún siendo totalmente normales, me han recordado conductas y hechos insidiosos de tiempos tal vez lejanos, pero muy próximos en el sentimiento y el recuerdo. Imágenes disfrazadas de gracejo y simpatía deslizando frasecitas de apariencia intrascendente cargadas de veneno, indisponiendo, con la sombra de sospechas, a personas que jamás habían tenido entre si problemas ni desacuerdos. El empeño de ir tras las huellas de trayectorias impecables para sembrar de sal su puerta. La facilidad y la ligereza en aplicarse sin peso de la conciencia en torcer itinerarios de gente integra y de buena fe. Y lo que es peor, distorsionando e incluso destruyendo su imagen, tal vez su único bien o el más preciado, un daño psicológico muy grave y difícilmente reparable.
En fin, ¡nada nuevo bajo las estrellas! pero cuando el fenómeno roza nuestras vidas lo advertimos en toda su realidad, en toda su crudeza. También pensamos o escribimos según las vivencias o las noticias y en este caso las últimas refuerzan las primeras y me animan a sacar a la luz algunas reflexiones.
Por noticias me refiero al artículo del director del Nouvel Observateur, que aparece traducido en las páginas de un periódico nacional, sobre las calumnias sufridas por Milan Kundera. Pese a que el gran escritor dice que “su único universo es la novela”, pese a su discreción y su silencio y su talento, o quizá por todo ello, no ha logrado evitar la calumnia.
En el desarrollo y comentarios de Jean Daniel sobre el brutal intento de desprestigio del escritor, aparecen muchas afirmaciones con las que me identifico, que refuerzan las que, quizá por ello, me atrevo a sacar a la luz, en ese afán de quienes escribimos de comunicar ideas, inquietudes y sentimientos. Afán que lleva implícita la fe en que se producirá la captación. En que hay receptores idóneos, personas que comparten importantes valores.
Milan Kundera se refugia en una vida discreta, dejando solo su obra al arbitrio de cualquier juicio. Pero ni su actitud, ni “los desmentidos”, como dice Jean Daniel y personalmente comparto, que se produjeron sobre la insidia vertida sobre el escritor, podrán evitar todas las sospechas: esa es la perversidad de la calumnia. Por eso, cuando alguien se ve en la indefensión que produce, se lamenta diciendo “calumnia que algo queda”.
Los efectos son algo que conocen, en todo su alcance, quienes la practican. Tienen en su haber ciertas agudezas que compensan su falta de brillantez, de altura intelectual y de la ética indispensable para merecer el lugar que tal vez pretenden.
Milan Kundera tuvo una actitud ingenua, como otras personas menos relevantes inmersas en situaciones un tanto similares: optar por el retiro, la discreción y el silencio. Daniel dice: “tuvo la ingenuidad de creer que la discreción y el silencio le protegían”.
Personalmente, a la luz de las experiencias vividas, soy totalmente participe de esa opinión. Ni el retiro ni la discreción ni el silencio de una persona la protegen del desprestigio deliberado que se siembre sobre ella. Tampoco siempre se cumple el dicho de que”el tiempo pone a cada uno en su lugar”, la vida no es tan justa.
Pero no quiero terminar estas reflexiones sin ningún atisbo de esperanza. Y el guiño puede ser el contenido de una hermosa frase con la que alguna vez me topé y tengo apuntada aunque haya olvidado su autoría, porque puede apuntalar la autoestima personal, tan tocada cuando alguien se siente desprestigiado; frase que da titulo y cierra estos comentarios: solo se apedrea al árbol que tiene fruto.

domingo, 26 de octubre de 2008


AQUÍ TODAS SOMOS ANÓNIMAS
Se puede sentir o practicar la solidaridad de muchas maneras: pública o privadamente, en grandes y en pequeñas cosas. La vemos, aunque no a gran escala, colándose, temerosa de estorbar, en el río turbulento del acontecer cotidiano, aunque no le prestamos la atención necesaria. También se la puede encontrar en un momento inesperado, en un lugar imprevisto, en una mirada desconocida. Puede durar un instante, pero siempre deja un poso placentero, una sensación maravillosa de haber topado con un gran ser humano, de sentir una breve caricia en el alma o un bálsamo en la herida mal curada que casi todos y todas portamos. No hace falta que se produzca un acto heroico ni un vistoso o discreto sacrificio ni nada que convierta o nos convierta en portadores de medallas. Puede bastar un gesto, una frase o una palabra cargada de sinceridad que conecte con la carencia de otras almas. Un gesto puede entristecernos y también reconciliarnos por un tiempo con la vida. Un gesto o una palabra, tan poca cosa, sirve para mucho cuando sabemos utilizarla. Cuando contiene sentimientos solidarios produce un efecto placentero en quien lo prodiga y en quien lo recibe. Pero solo cuando expresan un sentir auténtico. Cuando no es puro teatro. Porque de actitudes superficiales, falsamente simpáticas, está llena la vida, y solo sirven para pasarla sin mayores roces pero no tocan el alma.
Mientras mi mente barrunta mil recuerdos y al hilo de estas reflexiones, se me ocurre que podría narrar un hecho, que bien pudiera servir de ejemplo de lo que intento transmitir. Algo así como un pequeño cuento. Helo aquí.
Dos buenas amigas, que no se han visto durante meses, quedan una tarde. Salen juntas y hacen lo que a ambas les gusta: un poco de escaparateo, alguna compra para sí o para los suyos y, sobre todo, la merienda con charla. Escogen un rincón libre de humo, apartado y tranquilo. Solo hay dos mesas pequeñas y desocupadas, es casi un reservado. Durante un rato solo entra y sale la camarera con la comanda y el servicio. Hablan tranquilas. En un momento dado entra una joven rubia con bolso y carpetas y ocupa la mesa de al lado. Ellas bajan en lo posible el tono. La miran a hurtadillas pero parece atenta y concentrada en sus papeles. Ajena a sus vecinas que acaban olvidando su presencia.
En los meses pasados cada una de las amigas ha vivido su drama: la lucha contra la enfermedad innombrable de la que, una de ellas es una vez más, superviviente. Lo hablan, quieren celebrar su última victoria, pero la otra mujer está afectada por graves pérdidas de gente muy querida y por fracturas familiares, y aunque le echa arrestos y humor, como de todo hablan, en un momento llora. Pero también hay cosas gratas. Y ambas brindan por lo poco bueno que les pasa y se dan ánimos, y programan encuentros frecuentes, ahora que se encuentran de regreso de una ausencia larga. Hay cariño y tristeza y rastros de esperanza y bromas en su larga charla. A la chica de la otra mesa la han olvidado. Miran la hora y toman conciencia de que es la recomendable para volver a casa. Se levantan recogiendo bolsos y chaquetas, dispuestas a marcharse, pero una voz agradable, suave, les hace girarse
_Hasta luego, y muchos ánimos, que los necesitamos las tres.
Se vuelven y ven de pie a la joven rubia que las mira con afecto. Es una mujer hermosa, rozando la treintena, de bellos y enorme ojos claros, levemente humedecidos. Va bien vestida pero resulta discreta, tanto que en el rato que las amigas pasaron cerca apenas se percataron más que del color de su pelo. Y sorprendidas las dos exclamaron casi a la vez.
_ Ánimos... ¡tú tienes que tenerlos! eres joven y guapísima.
Ella presionó suavemente el brazo de la más próxima, las miró con enorme simpatía.
_Ser guapa no es importante.
_ Has oído nuestras penas. No hemos podido evitarlo. Pero eres joven. La juventud tiene más tiempo por delante. Te deseamos lo mejor.
La joven está conmovida. Todas están conmovidas y un extraño lazo parece convertirlas en aliadas, en amigas. Es como si un ángel se posara entre las tres acariciándolas amigablemente con sus alas. La joven roza con sus dedos los hombros de ambas mujeres, como en un intento contenido de abrazarlas.
_Tampoco pude evitar escucharlas. ¡Muchos ánimos para las tres! Los necesitamos.
_ Nos esforzaremos, y no importa que nos hayas oído. Ya nos vamos y, además, aquí... ¡todas somos anónimas!
Este pequeña historia relata un momento verídico entrañable, donde una joven mujer, con sus penas a cuestas, con sus luchas internas con la vida, tapadas por su bella presencia, sale de su dolor para prestar atención al de dos mujeres mayores desconocidas. Se solidariza y se lo expresa.
Tal vez hay que vivir algo así para entender la emoción de un momento tan sencillo en apariencia. Tal vez esta autora no sepa contarlo en todo su significado. Pero tal vez alguien lo capte y lo valore. Ahí queda.

miércoles, 1 de octubre de 2008

QUE NADA TAPE LAS MATANZAS DE SEPTIEMBRE


Este septiembre debería abochornarnos, a los muchos/as que apenas sufrimos los efectos de la magnificada crisis, el afán con que comentamos y aceptamos la desinformación sobre su origen, la liviandad y frivolidad conque nos despachamos sobre su verdadero alcance. También deberían de subírsenos los colores a las mejillas ante ciertas actitudes políticas que buscan, con regocijo, sacar tajada en beneficio propio del temor que crean en los que no necesitan apenas apretarse el cinturón. Pero fomentar la insolidaridad es más fácil que educar en la corresponsabilidad, y si además esta última nos conduce a ceder algo de lo que nos sobra en esta cultura del despilfarro, se nos disparan las alarmas y ya solo nos preocupa lo que atañe a nuestro bolsillo. Y se convierte en cientos de comentarios en prensa, o en cualquier otro medio, de forma dominante y casi absoluta. Y una, que está lejos de ser experta en economía o en el análisis político económico, intenta escuchar las pocas voces autorizadas y las de los sectores verdaderamente afectados, que no son lo que han quebrado después de ganancias millonarias, sino las victimas de su mala gestión imprevisión y avaricia. Víctimas también de los trapicheos financieros del envejecido motor americano: el paraíso del libre mercado.Pero yo lo que pretendía decir es que, una vez más, y en este caso son los avatares del poderoso bolsillo, los problemas más mediáticos que tapan ese otro cáncer crónico tan poco condenado socialmente, tan poco estudiado, tan escasamente interesante para el común de las personas, como es la violencia machista. Una vez más las cuestiones de género son de rango ínfimo. Así las cosas, y objetando educación para la ciudadanía, veo lejos la transformación cultural imprescindible para evitar que tanta sangre de congéneres siga cegando de dolor nuestro ánimo y de llanto nuestros ojos como en este dramático septiembre con tantas mujeres asesinadas en nuestro país. Porque solo hay dos medios para erradicar a medio plazo el problema: la sanción social y la educación en el valor de la igualdad y el respeto a la diferencia. Y ello requiere voluntad y trabajo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

CON LAS VIEIRAS NO SE JUEGA

Hace unos días decidí cambiar el menú que pensaba ofrecer a unos amigos. Y lo hice eliminando un guiso de Vieiras. Las tenía a buen recaudo en el congelador, su procedencia era legal y las condiciones sanitarias impecables. Pero las noticias sobre tan preciado manjar eran confusas y alarmantes y no quería inquietar a mis invitados. Esto podría ser una anécdota sin importancia, sino fuera un dato más de las consecuencias a las que nos llevan comportamientos cerriles e irresponsables, como los practicados por cocineros y restauradores que se surten del marisqueo furtivo y sin control sanitario, en aras del beneficio propio, arriesgando la salud de los consumidores y el prestigio de los productos del mar, que son seña de identidad de Galicia.
Pero lo más triste es que algunos llamados “intelectuales” y algún político trasnochado- nacionalista para más INRI - se prodigaron en muestras de apoyo a cierta infractora y cocinera de lujo, y en velados comentarios justificativos del marisqueo furtivo. Parece que el delito no estaba en saltarse la norma, ni el infractor o infractora era quien la había burlado, sino quien cuidaba de que nuestros productos del mar conservasen su calidad y prestigio, quienes velaban por la salud de los consumidores.
Me sentía abochornada ante hechos semejantes. Ante comentarios tan poco éticos e inteligentes, ante fotos que difunden la imagen de una Galicia caduca, pueblerina y atrasada. Sentí pena por mi amada y hermosa tierra. ¿Son esas sus clases ilustradas, sus dirigentes? Si así fuera seguiríamos en la “longa noite da pedra” .
Afortunadamente la prensa del domingo 14 de septiembre me devolvió el optimismo, porque incluso en las páginas de un diario local como La Región aparecían dos artículos poniendo los hechos en su sitio y juzgando las actitudes con sano e inteligente criterio, porque en esta mi amada tierra de origen también hay otra gente que sabe como hacer las cosas y mirar al futuro, sobreponiéndose a comportamientos chapuceros todavía muy anclados en determinados sectores, que se resisten a desaparecer. Pero yo les recomiendo especialmente que tiren de hemeroteca y lean un artículo de Suso de Toro, publicado en el suplemento de Galicia del diario El País (14-9-o8), titulado LA GALICIA AUTODESTRUCTIVA, donde entre otras cosas dice que no se puede, por un lado, poner en valor nuestra tradición culinaria y, lo que se ha hecho con una mano, deshacerlo con la otra. Afirma también que la Administración ha invertido mucho para que se le de al forastero centolla o buey de cetárea francesa por marisco de la ría.
El mismo razonamiento es aplicable a las Vieiras de riesgo. Textualmente afirma el gran escritor y articulista: “manchar la Vieira es manchar el símbolo del camino de Santiago”.
Personalmente pienso que, utilizar la demagogia de la supervivencia de la gente dedicada al marisqueo ilegal es una falacia, una justificación de cierto pillaje que, de mantenerse, puede ser pan duro para hoy y hambre segura para mañana.
También les garantizo que hay exquisitas Vieiras en condiciones optimas de consumo y con todas las bendiciones legales. No se las pierdan. Ah, no hace falta ir a lugares famosos y caros para degustarlas.

sábado, 6 de septiembre de 2008

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA (2)


Estamos al comienzo de un nuevo curso y ante el recrudecimiento de un inconcebible problema: la objeción a una materia curricular del sistema educativo de nuestro país. Objeción que no solo se produce por un sector de la población, que, hasta cierto punto, no nos sorprendería dado que persisten en ella grupos absolutamente reaccionarios, sino que resulta abanderada por políticos, supuestamente democráticos, en ejercicio, como el caso de la presidenta Aguirre, o asumidos por el líder del principal partido de la oposición Mariano Rajoy, casualmente correligionario de la citada presidenta de la CAM.
Hemos de tener en cuenta que las materias curriculares no responden a un capricho, sino a la aplicación de la legislación vigente, aprobada en un parlamento democrático donde está representada la ciudadanía. Imagínense que en una Comunidad autónoma, cualquiera, optasen por objetar la enseñanza de las Matemáticas y en otra la de Lengua, y en una tercera la de Ciencias Sociales o Naturales. Sería inconcebible e intolerable. Y exigiríamos de inmediato el cumplimiento de las leyes. Bien, pues estamos en similares circunstancias: pedimos el cumplimiento de nuestras leyes y exigimos su respeto a todas y todos los objetores.
Es inconcebible que los tribunales tramiten en estos momentos 500 asuntos sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía, pero lo es más el fallo de algunos tribunales a favor de la objeción, con criterios de parcialidad política intolerables en la práctica de la justicia.
Pero ¿qué enseña esta controvertida materia?. Si echamos un vistazo a contenidos y objetivos nos encontramos que pretende desarrollar el respeto hacia la diversidad, la tolerancia y la comunicación como métodos de convivencia. También el rechazo de la discriminación y la injusticia, el conocimiento y respeto del funcionamiento democrático, de las leyes nacionales e internacionales que lo ordenan. El respeto del entorno cívico y natural y la sensibilidad y preocupación por los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Y podríamos precisar más y añadir más datos, aunque cualquier interesado/a puede comprobarlo echando un vistazo a los libros de texto, y alargaría innecesariamente esta entrada, porque creo que, con lo expuesto, es suficiente para comprobar la importancia actual de una asignatura de contenidos tales y de la catadura democrática de quienes la rechazan.

sábado, 30 de agosto de 2008

OTRO AGOSTO QUE TERMINA


Finaliza otro agosto. Las nubes y la tormenta podrían inducir a engaño haciéndonos creer que se ha terminado el verano. Pero la temperatura ambiente y el ánimo interno nos dicen que solo es un paréntesis este frescor húmedo que nos acaricia. Aún tendremos días cálidos de sol y baños, aunque ya se multipliquen los indicadores de fin de temporada: los veraneantes de agosto han vuelto a sus casas; se advierte nada más observar las ventanas abiertas en las fachadas. También en el bronceado que luce la gente que se encuentra por la calle y en las primicias de moda otoñal que se insinúa en los escaparates. No queda más remedio... ¡hay que volver al trabajo!.
Pero no quiero despedir este verano sin recordar a tanta gente apreciada que prematuramente ha desaparecido de mi entorno, trasmutando mi paisaje familiar en otro más distante, y aunque no les nombre están en mi pensamiento. Aunque debo hacer mención especial de una persona, porque hasta hoy, aún deseándolo, no había sido capaz. Y voy a dedicar unas líneas a una amiga entrañable, que me ha acompañado con su afecto, su lealtad y su alegría, la mayor parte de mi vida. Era, a la hora de la verdad, un miembro más de mi pequeña familia. Por eso todos nosotros seguimos doliéndonos de su ausencia cuando se han cumplido trece meses de su muerte. Y este texto que escribo podría haber salido de la pluma de Juan o de cualquiera de mis hijos.
En pleno verano de 2007, en junio, Fina Prado-Finita- hacía planes para su veraneo agosteño en Galicia. En los últimos días de julio escuchamos por última vez sus palabras a través del teléfono. Nuestras lágrimas se confundieron en algún momento con el agua de la playa de Canelas, en la que inútilmente buscábamos alivio a la desazón que nos produjo su inesperada y lejana agonía. Todo fue tan rápido que, entre la conversación telefónica de Madrid a Galicia y su entierro, pasaron pocos días.
Le dijimos adiós en un pequeño cementerio de Astaríd (Lugo). Y solo pudimos ver la urna que contenía sus restos. Fue un tristísimo día de principios de agosto. Y ya el verano, en su significado lúdico, se cerró con la lápida de su tumba. Pocos días después, en la Feria del libro de a Coruña, donde se presentaba mi libro, Placeres Recuperados, del que ella forma parte, la mencioné;y leí un pequeño poema, de los varios en que cuento el dolor de su pérdida. Porque en aquel acto quise hacer al auditorio participe de un pequeño homenaje a su memoria.
Este agosto Juan y yo llevamos flores al rincón donde descansan sus cenizas. Personalmente quería hablarle allí, aunque lo hago con frecuencia desde cualquier lugar. Quería tocar el granito gris y decirle que estábamos allí porque, aunque se haya ido, ya siempre formará parte de nuestras vidas. Y de las vidas de todas las personas que la querían.
Ha pasado un año duro para quienes la hemos perdido, pero ella no nos perdonaría, cuidadosa como era de sus allegados, que no recuperásemos el ritmo normal de la vida. Por eso lo intentamos. Por eso empiezo este nuevo curso-el lenguaje escolar siempre perdura- dedicándole esta entrada, con estos versos escritos tras conocer su partida. Y las rosas que acompañan el texto. Hasta ahora no podía...
¡Querida amiga! ¡Inmejorable amiga!:se feliz donde te encuentres.

PÉRDIDAS

Aunque la lluvia escampa
y amaina la tormenta,
y el sol se oculta al final del día
trayendo la noche
que también termina
al nacer la mañana,
la muerte no se detiene.
Avanza con su guadaña.
Troncha, corta, arrasa.
Y se lleva lo que encuentra
sin contar con el ritmo
que la vida señala.
La muerte, incomprensible
absurda, innecesaria,
no se conmueve
por el dolor que causa.
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miércoles, 6 de agosto de 2008

VERANO:un libro de Manuel Rico

A comienzos del verano, como tantas otras veces, me aprovisioné de libros. No precisamente para vacaciones. Mi tiempo, salvo los días de playa o de viajes, no varía en exceso. Y la lectura es el espacio más invariable, más permanente, en cualquier época del año: leo todas las noches y rara vez menos de un par de horas, con frecuencia, más. Y me gusta tener en casa, cerca, varios libros para escoger, por ello, según disminuye la lista de espera, ya estoy a la búsqueda de nuevos títulos, sin contar los que encuentro en incursiones casuales por las librerías.
Antes del verano tuve suerte. Y encontré bastantes obras de mis autoras favoritas, y de otras poco conocidas o noveles, porque me encanta descubrir libros de edición modesta, originales y, con frecuencia, de mucha más calidad que los que nos abruman desde los escaparates.
Reconozco creer que los libros escritos por mujeres conservan, todavía, una impronta especial. Y me atraen más, aunque tengo también mis autores favoritos. Y, además, por solidaridad de género, porque los hombres casi no leen nuestros libros, siempre empiezo por las escritoras.
Pese a lo dicho, de la última remesa adquirida, e incluso dejando pendientes novelas programadas con anterioridad, empecé por la obra de un escritor y poeta premiado y conocido, que no necesita en modo alguno, para su difusión, de mi comentario, pero que tengo el gusto de incluir en esta entrada porque es un bello libro, con el que cualquier lector o lectora exigente puede disfrutar durante horas, ya que, además, es largo.

Se titula VERANO. Su autor es mi amigo Manuel Rico-Manolo- un escritor madrileño con un dominio abrumador y admirable del castellano, con una riqueza expresiva que ya casi no se encuentra, que convierte sus descripciones en cuadros y en sinfonía sus palabras. Esto es así en todos sus libros, en los que siempre aparecen la sierra, los caminos y los bosques segovianos. Lugares que, sin duda, ama, y de los que conoce, como si fueran sus amigos, los nombres de todas sus plantas y todos sus árboles.
Pero VERANO no es un libro más de su autor, ninguno lo es, aunque aparezcan elementos constantes, como los ya mencionados o algunas palabras con las que siempre lo identifico, como “pasadizos” y “embocar.” O los trenes, que son un elemento que yo comparto a la hora de escribir. VERANO no es solo esa belleza formal en desuso, que tanto agradecemos los y las amantes del lenguaje. No es solo plasticidad y ritmo del poeta que también hay en Manolo Rico. Es el cuadro de una generación, con sus grandes utopías de juventud asentadas en el recuerdo y en el discurso, atemperadas por las circunstancias de una época diferente, por los nuevos intereses de una edad madura y el momento cumbre de la proyección personal e individual.
Es un libro bien tramado, de lectura fácil; un retrato fiel de un amplio sector de nuestra sociedad. Los personajes se ven. Aunque algunos sean tan desconcertantes como el protagonista. En el que en esta ocasión descansa más la intriga que en otras novelas. Aquí el final puede ser menos imprevisible que en otros libros suyos: Manolo Rico maneja la intriga de forma original. Y debo decir que, aunque en cierto modo me ha relajado más el cierre de esta historia, el personaje del escritor me ha dejado tan desconcertada como los finales de sus anteriores obras.

viernes, 25 de julio de 2008

Mi amigo de Playa Pragueira

Pese a que estoy de vacaciones y me había propuesto dejar de lado todo esfuerzo,no he resistido el mono de escribir. A ello ha contribuido de forma decisiva un entrañable personaje que he conocido en estos lares de Pragueira-un hermosa playa de la provincia de Pontevedra, en el término municipal de Sanxenxo-con el que a diario hablo un rato en algún momento del día y al que he prometido escribir un pequeño cuento. Un cuento sencillo y único para él. Aunque siempre he escrito solo para adultos pero el también quiere hacer cosas de adulto,porque lo es.Es un chicote grande y fuerte.Pero también es un niño.Un niño inocente y amistoso a quien entusiasman los juegos.Un niño sociable que gusta de la compañía y del afecto, que valora la atención sin insistencia y que hace pensar en cuanto bueno se puede sacar de situaciones muy complicadas de la vida. Por todo lo que representa lo traigo a esta entrada de mi Blog, que le dedico.

Escucha Jóse, amigo, presta atención porque te voy a escribir un breve cuento que comenzará de forma tradicional, como lo hacían los cuentos antiguos de cuando yo, o tu papá y tu mamá eramos niños.
Erase una vez una mujer que estaba triste, aunque lo disimulaba, porque en poco tiempo había perdido a mucha gente querida. Se sentía rabiosa con su destino y le costaba un gran esfuerzo reírse y disfrutar y llevar a cabo todas las cosas de cada día: siempre estaba cansada. Además tenía que disimular, porque no debía entristecer ni a su familia ni a sus amigos.Eso también cuesta mucho esfuerzo y cansa, como te cansas tu de pasar la aspiradora o de conducir con tu volante o de llevar en la mochila tu ordenador. Bueno, pues esa mujer se cansaba como tu de las tres cosas juntas...¿Lo comprendes?.
Pero se le ocurrió tomarse unas vacaciones en Pragueira, en un bonito hotel casualmente descubierto muy cerca del mar. Se llama Hotel Almar ¿Te vas dando cuenta?El caso es que se instaló allí con buena compañía, con su marido, y buscó más fuerza y alegría en el agua verde y fresca de la playa, en dejar sus huellas efímeras paseando por la arena, cerca de donde habitan nécoras y centollos, esos productos del mar que te gustan tanto y que pescan también para ti.
Y además de disfrutar de la calma de tan hermoso lugar te conoció a ti Jóse y le hiciste pensar,le hiciste dar mil vueltas a su cabeza, porque siempre te escuchaba palabras bonitas, siempre estabas simpático con ella. Empezó a desenfadarse con el destino. A congraciarse con su suerte.Y fue recobrando las ganas de reírse de verdad, las ganas de caminar y ya se cansaba solo lo imprescindible y lo propio de su edad. Había hecho un nuevo amigo y eso es muy bonito.Le prometió contarle un cuento solo para el, un cuento sencillo y ya lo ha hecho.

Ahora le prometo que siempre que me sea posible vendré a este lugar y aunque me vaya a mi casa, confío en que mi destino permita que no sea para siempre.Y así nos veremos.

jueves, 3 de julio de 2008

La vieja casa de los abuelos evocada por Julio, mi hijo


De MJGV@hotmail.com
Enviado miércoles, 02 de julio de 2008
Para: HG, Julio; Yago HG
Asunto: Hola

Hola filliños:
Hoy entramos en la casa de los abuelos que estaba alquilada, pues ayer nos entregaron las llaves. No me dio pena volver porque allí viví poco tiempo antes de casarnos y bastante feliz, (...) Al entrar en la vieja casa percibí que es amplia y luminosa, con una buena terraza, (...) Ahora os digo lo malo: está llena de basura. No lo han limpiado en los 18 años que llevaban viviendo allí, la mugre corroe las ventanas...

Ya os contaré más. Os mando mil abrazos y cierro el ordenador hasta la noche, que tengo que salir.
Mamá
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Email de respuesta de 2 Jul 2008
From: juliohg@gmail.com
To: marisugv@hotmail.com
CC: yago.hg@mediagraet.com


Que pena lo de la casa. Yo la estoy viendo ahora mismo. Corriendo desde la salita al baño por todo el pasillo sólo o jugando con mi hermano. El sofá verde que se hacía cama. La camilla donde jugábamos al parchís con la tía Nieves que no paraba de reír o donde el abuelito echaba sus solitarios. El mueble de la vieja radio con tocadiscos situada al entrar en la salita, a mano izquierda, sobre un mueble que hacía las veces de mueble bar, con la botella de “kinito” dentro junto a las de aguardiente o licor café. Ver los fuegos por Santiago desde la terraza y el horror del Orense bajo un cielo rojo de dolor del fuego que se adueñaba de sus montañas.

El comedor con el aparador y la mesa que con tanto esmero poníamos con el abuelo, mientras la abuela preparaba la cena en la cocina. Nunca faltaba un poco de fiambre y de queso, del bueno, del de casa, del de toda la vida. La cocina donde lucharon con nosotros para darnos de comer. Primero de hierro, blanca. Luego de fuegos, de bombona. Las dos cuerdas en la ventana para tender ¡Si hablaran esas dos cuerdas…y los muros de esa casa…!. La mesa azul de patas metálicas donde comíamos todos los días.¡Qué rico sabía todo! Y en Invierno la abuela asaba castañas en el horno de la cocina. Y el dormitorio de castaño de los abuelos, con el rosario colgando sobre el cabecero de la cama. Aun habría de trasladarse integra esa estancia a la nueva casa en la que estrenamos coche, casa y nueva vida de los abuelos a regañadientes.
¡Tantos y tantos recuerdos de infancia feliz!
Cuando llegó Yago en un cuco rojo en el Dyane 6 y yo estaba en la tienda. Salí corriendo gritando emocionado que venía, que tenía un hermanito. Tan guapo. Tan rico (Te quiero tanto Yaguete) Pues sí. Tantos veranos en esa casa y en la de Cimadevila con la tía Hortensia. Pero allí, en la casa de Orense viví como niño, viví como hermano, tuve mis escarceos como adolescente y encontré refugio en los momentos malos. En los más tristes. Una casa donde solo hubo felicidad, cariño, afecto y mucho amor. Recuerdo salir con el abuelo de la mano por el parque y me presentaba a todo el mundo siendo yo bien pequeño.
Y luego ya de mayor salir a pasear a la estación con los dos hablando de todo y de nada. De nuestras cosas. ¡No bajéis los escalones corriendo! Nos dijeron a veces. ¡No subáis las persianas hasta arriba que hacen tope y luego no pueden sacarse!. Y el frío gélido del invierno que pasé aquellas navidades allí solo en que me emperré en ir a pasar los reyes persiguiendo un amor de juventud aunque los abuelos no estaban en Orense. Joer, que se me hielan los pies y las manos al acordarme.

Llegar de madrugada, con los zapatos en la mano para no hacer ruido, acompañado de David, algo pirípis y claro riendo de las peripecias nocturnas acontecidas. ¡Sissh sissh, ¡no te rías, tío que nos pillan!. David tapándose la boca y claro. Entramos y como no conocía la casa de noche iba palpando con la mano izquierda en la pared y salvo el pasillo de la izquierda que llevaba a la cocina y al baño. Libró el comedor de milagro. Apoyó en la puerta del dormitorio de los abuelos y cayó rodando a los pies de la cama. Se hizo el silencio. Una voz, la de la abuela, pues el abuelo roncaba como una locomotora, dijo: ¡ Julito, en el armario hay mantas por si tiene frío tu amigo!. Desternillados de risa salimos de allí rumbo a la sala. Creíamos morir de la risa. Luego a primera hora, David que durmió en el dormitorio de mamá, se sintió indispuesto, claro y tras creer que no había nadie en el pasillo se dispuso a salir zumbando al baño pero en su carrera por el pasillo la puerta de la calle se abrió y se topó con el abuelo. Apenas pudo decir nada pues el vómito pugnaba por salir y huyó al baño.
Cuando yo me levanté y fui a la cocina, tomando un café mientras la abuela ya dejaba todo listo para la comida, me dijo, no despiertes a tu amigo que se ha puesto malo de noche. A mi, me entraba la risa y eso que no sabía aún la historia que había vivido el amigo David horas antes en el pasillo. La abuela cogió nuestros vaqueros y los puso a lavar como hacía siempre y estando comiendo los cuatro en la mesa, David y yo frente a frente dejando, en mi caso la ventana a la espalda, mientras oíamos las esquelas veo a David palidecer mirándome. Le hago una seña y el intenta levantar la cabeza como señalando la ventana pero disimulando. A todo esto, conversando todos como siempre. Yo cada vez más intrigado y David sin saber como hacer para indicarme un no sé qué. Total, que me vuelvo con cuidado hacia la ventana y me cambió el color de la cara, al verlo. Papel de fumar y unos preservativos colgados con pinzas de las dos cuerdas, puestos a secar. Nos las vimos negros para quitarlos de ahí. Los abuelos nunca dijeron ni mu de aquello. Nunca sabremos si porque no entendieron o quisieron saber.

Bueno basta de rollo que, además,Yago se sabe esta historia de memoria; y yo, como los viejos solo tengo historias que contar. Y siempre las mismas.
Larga vida tenga nuestra casa porque nuestra vida o parte de ella está en ellas.

Julio

sábado, 28 de junio de 2008

DESDE QUE NACEN...




“Desde que nacen son hombres”. Una frase que puede considerarse despectiva y propia de feminista o mujer resentida e incapaz de autoproclamarse feminista. Pero no. No es el caso, ni siquiera es mía, que soy gozosamente feminista, madre de hombres y en absoluto resentida con ellos, tampoco con los que no son mis hijos: con el resto de mis equivalentes humanos. Ni hay matices despectivos, solo la constatación de una diferencia que no hace a los hombres peores ni mejores.
La frase mencionada se la escuché a una mujer joven, con buen aspecto, expresión bien humorada y un par de hijos entre ocho y diez años.
Estábamos, ambas, ante un puesto de bisutería artesana en plata y piedras semipreciosas. Un puesto callejero de los muchos que poblaban una calle del casco antiguo de una ciudad en fiestas: Ourense. Mi pareja se había alejado hacía otro tenderete más de su interés, algo habitual en lo que ni reparo. La mujer llegó hablando alegremente con los niños y se detuvo a observar las joyas. Al primer minuto uno y otro empezaron a tocar las cosas, y ella les apartó las manos. Al siguiente preguntaron qué iba a comprar. Solo estoy mirando, dijo la madre. Hemos venido a ver los puestos. ¿Cuándo vas acabar? Inquiere el pequeño. ¡Esperad un poco!
¿No has escogido aún? Interviene el otro. ¡No voy a comprar!.¡Molestáis más que un dolor de muelas!
Entonces... si no vas a comprar ¿para qué miras?.
La mujer, impaciente, se gira y al ver mi sonrisa de complicidad afirma con gran convencimiento: ¡Desde que nacen... ya son hombres!
Sentí que, por esa razón de peso, no podía entretenerme con ella, porque alguien podía cansarse enseguida de mirar los tenderetes, aunque le resultaran de mayor interés que el escogido por nosotras. Porque... para qué mirar mucho si no se compra.
Pero es que mirar, simplemente mirar puede ser un gozo. Aunque tal vez haya que ser mujer para entenderlo. Y es que por razones de género o de sexo, por costumbre o naturaleza, hay diferencias. Por eso yo digo de los hombres que son nuestros equivalentes. Valemos lo mismo pero unos y otras tenemos matices propios.

lunes, 16 de junio de 2008

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA (1)


Hace unos días, la sentencia de un tribunal andaluz sobre la pretendida objeción de conciencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, me hizo recordar una pequeña anécdota de hace unos años, cuando aún me quedaba bastante de mi otra vocación, de Pedagoga, porque ya sabéis que además la tengo de feminista y escritora y que esta última es la que ahora prima en mi actividad. Pero algo me queda, porque a la menor sugerencia al respecto, vuelvo a pensar en temas educativos sin demasiado esfuerzo. Y además no me resisto a incluir la imagen manchada de rojo de esta escultura, aunque no sé a quién representa, pero que es en todo caso un motivo de ornamento público de alguna ciudad.
El caso es que, paseando tranquilamente por una arbolada calle de mi barrio oigo un ruido de golpes contundentes, acompañados de voces infantiles. Al girar en una esquina los veo. Son tres y no pasan de diez u once años. Patean con desenfreno una papelera que se desprende del soporte ante mis ojos hasta rodar por la calzada.
Me acerco a observarlos sin disimulo. Me ven, pero siguen a lo suyo, aunque se cruzan miradas inquietas. ¿Qué hacéis? les pregunto. Jugamos, me contestan. ¿Jugáis rompiendo papeleras?. Se miran sin responder, encogiéndose de hombros. Esa papera la he pagado y yo vuestros padres. ¿Mis padres? dice uno abriendo mucho los ojos, bailándole en la cara unas pecas. ¡Qué va!, añaden a coro los tres. Pues preguntadle, cuando lleguéis a casa, quién paga el mobiliario público... las papeleras.
Se callan. Alguno intenta retomar el juego empujando, con menos entusiasmo, calle abajo, la papelera abollada e inservible. Pero luego se van en silencio, perdiéndose al doblar la esquina más cercana.
Esto es un relato. Pueda que sea -lo pretendo- literario, pero responde a un hecho real ocurrido en un barrio acomodado, con unos chavales bien vestidos y alimentados, pero deficientemente educados en el respeto a los bienes comunes. A día de hoy, quizá unos padres desbordados por múltiples tareas, se olviden, como entonces, de inculcar a sus hijos determinados principios, quizá el individualismo imperante no favorezca el desarrollo de valores cívicos imprescindibles para una convivencia pacifica. Por eso es tan importante que en las escuelas se complemente esa deficiencia con un programa de EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA, que, entre otras cosas, aborda en el Bloque Tercero de sus contenidos de Primaria, el conocimiento de las normas y principios de la Constitución. Entre ellos la valoración de los bienes y servicios comunes, así como la obligación de la administración pública y también de la ciudadanía a su mantenimiento: Es decir, la señora Aguirre y los alcaldes de esta Comunidad-o cualquier autoridad de cualquier autonomía- así como cada ciudadano del estado español, saben que, si se objeta o favorece el incumplimiento de enseñar Educación para la Ciudadanía, se está incumpliendo la Constitución.
Pero este tema es amplio y merece la pena seguir tratándolo. Lo haremos.

jueves, 12 de junio de 2008

Compañeros y cómplices


Estamos en un momento de la historia de la sociedad en que los cambios de roles que desempeñan las mujeres desatan, en ocasiones, análisis confusos y perturbadores. Y si estos cambios han de llevarnos a una vida mejor y más equilibrada entre hombres y mujeres, no deben de ser frenados por actitudes que, enarbolando derechos o progresismos mal entendidos, sean aprovechados por las soterradas actitudes reaccionarias que subyacen en lo mucho que perdura de la sociedad patriarcal, de la que muchas mujeres, tal vez de forma inconsciente, participan.
Se me ocurre esto leyendo algunas opiniones, de hombres y mujeres, sobre el permiso de maternidad compartido, porque cuando las mujeres reclamamos este derecho como propio y exclusivo, rechazamos que pueda ser compartido a discreción por los padres, favoreciendo que solo las madres asuman la responsabilidad, incluyendo el riesgo laboral que comporta la decisión de tener hijos.
Es evidente que la conciliación laboral resulta difícil en una sociedad en la que impera un capitalismo puro y duro y una competitividad mal entendida y peor organizada. La maternidad sigue siendo un handicap para las mujeres que trabajan fuera del hogar, y mayor para las que desean desarrollar una carrera profesional, en la que un frenazo por maternidad puede suponer el estancamiento definitivo e incluso, aunque en menor grado, la pérdida del empleo. Por ello creo que la conciliación de la vida laboral, sobre todo en lo relacionado con la atención a los hijos, pasa por una necesaria complicidad entre la pareja y más en los asuntos de permisos legales, posibles excedencias o cualquier beneficio que facilite la decisión de ser padres y el cuidado de los bebés.
Creo que hay que avanzar en el desarrollo de medidas que favorezcan la natalidad y la conciliación familiar sin que se conviertan en un lastre para las mujeres a la hora de ser contratadas o promocionadas. Porque esto -no nos engañemos- sigue ocurriendo cada día Para que estas medidas sean vistas como un hecho más de la vida de un trabajador o trabajadora, sin tener en cuenta el factor de género. Pero todas las soluciones legales o medidas sociales por avanzadas que sean no disminuirán la necesidad de que hombres y mujeres sean verdaderamente compañeros y cómplices. Sobre todo si solo es la mujer la que ha de esperar el momento oportuno para tener un hijo sin que las semanas de ausencia laboral la perjudiquen gravemente, o afecten a la responsabilidad profesional contraída. El mundo del trabajo es complejo. Y las circunstancias de los miembros de una pareja no tienen porque se idénticas. Habrá ocasiones en que el padre pueda asumir con menos riesgo la atención a un nuevo miembro de la familia,y tomar en la parte que quiera el permiso posparto desde el momento en que se haya recuperado la madre, que si bien ésta debe atender a la lactancia, también es posible que pueda decidir en este asunto en que medida la asume o si la asume. Dejando claro que en cualquier caso una madre normal siempre busca lo mejor para sus hijos y lo mejor también puede ser una madre satisfecha, con un compañero cómplice que suministra algún que otro amoroso biberón. También es una hermosa experiencia a compartir por un padre y su responsabilidad al 50%.

jueves, 29 de mayo de 2008

Los libros CUESTAN euros

El placer de la lectura es siempre especial: es duradero y relajante. Nutre la mente y enriquece el espíritu. Nos permite aprender o soñar y vivir. O las tres cosas a la vez.
Un libro nos acompaña siempre. Es un amigo fiel y flexible que se adapta a nuestras necesidades y a nuestro tiempo. Nos acompaña en cualquier lugar y hasta viaja en metro, en autobús o en avión si así lo queremos. Duerme a nuestro lado, sobre la mesilla, sobre cualquier mueble e incluso, sin protestar, en el suelo, después de habernos inducido agradablemente al sueño.¿Alguien ofrece más?
Un libro solo tiene un problema similar al de cualquier capricho: cuesta euros.
Un libro no crece en el campo, sin cultivo, como cualquier planta silvestre. Es el resultado de un esfuerzo, del trabajo de una mente, de un talento... en el grado que se valore. Pero, además de escribirse, un libro se corrige, se le diseña una portada- otro trabajo de creación que alguien hace- se imprime, se distribuye y se vende...¡AH!
Alguien invierte en todo ese proceso sus conocimientos y sus medios, su tiempo y su esfuerzo. Por eso un libro cuesta un dinero, aunque un buen libro no tenga precio.
Todo lo dicho parece obvio, pero conviene repetirlo, porque se ignora o se olvida. Así compramos de casi todo cada día en exceso, sin reparos, pero los libros... un libro siempre nos parece caro. Lo pedimos prestado sin rubor y pasa de mano en mano sin pagar peaje, porque no lo valoramos como cualquier otro bien que nos aporte placer. También se supone que a sus autores les regalan ejemplares sin tasa para que obsequien a las amistades y conocidos como si fuesen frutas del huerto de sus ocios...
¡Has escrito un libro!.¿Me lo pasas...?
Cerraran la librerías y las editoriales, y los manuscritos se perderán en cajones polvorientos. Los escritores serán historia de otro tiempo, hasta que desaparezcan de la faz de la tierra los ejemplares que circulan de mano en mano. Entonces tal vez se comprenda que los libros, esos maravillosos amigos que no tienen precio, valen euros o la moneda que circule en ese momento. Entonces, tal vez estemos dispuestos a priorizar su adquisición sobre la multitud de pequeños caprichos desechables y prescindibles. Entonces valoraremos los libros; cuando aceptemos que, como cualquier otro bien, cuesten euros.

domingo, 25 de mayo de 2008

SIGUEN LAS MUERTES


Estamos en mayo de 2008, terminando un mes de reconfortantes lluvias que alivian la sed de campos y pantanos. Y mientras la primavera viste de flores nuestros campos la violencia machista sigue cubriendo de negro nuestras esperanzas. De modo que cuando pretendo escribir sobre este dolor que me acompaña, me encuentro con un pequeño artículo, redactado hace casi dos años, desgraciadamente vigente, y por ello decido transcribirlo e incorporarlo a este Blog que pretende compartir con otras personas inquietudes literarias y preocupaciones sociales.


Comienzo estas líneas a punto de extinguirse el año 2006.El nuevo Año forcejea ya para ver el sol. Cuando este artículo se lea caminaremos por el 2007:el siglo veintiuno de nuestra era. Nos preceden culturas milenarias de las que solo conocemos vestigios. En todas convivieron varones y hembras, por algo se ha perpetuado la especie. Los papeles desempeñados por unos u otras y las formas de emparejamiento han sido diversas; así lo atestiguan las investigaciones de culturas antiguas o de sociedades primitivas que perduran en algunos rincones del planeta. Pero esto se investiga poco y se divulga menos, porque interesa mantener en lo que se puede los residuos de la cultura patriarcal en la que se nos ha educado. Es una forma de mantener el poder en el lado masculino. La lucha por el poder es tan antigua como la vida y no se da solo entre culturas o sociedades: se da también entre sexos.
Las reivindicaciones feministas no intentan arrebatar un territorio impropio. Solo pretenden recuperar su espacio y lograr la equidad y armonía de la sociedad utilizando dones de la naturaleza, como el pensamiento y diferentes destrezas. La fuerza física, necesaria antaño para la supervivencia, contribuyó al sometimiento femenino. Pero estamos en la era de la inteligencia y de la tecnología en las que hombres y mujeres son equivalentes. Ellas emplean la capacidad intelectual, la preparación y la cultura para recuperar su propio espacio. Los hombres más inteligentes valoran su aportación. Los otros, los mediocres, los acomplejados, utilizan lo que les queda para someterlas y dominarlas: la fuerza bruta Y las matan. Y los/as demás... ¿Vamos a seguir consintiéndolo?.Esto puede ocurrir en tu barrio y en la casa de al lado. ¿Nunca has oído un lamento, un llanto? Las leyes no pueden funcionar en el vacío, solo son un marco para los procedimientos legales. La reprobación social y las denuncias son imprescindibles. ¡Denuncia el delito y apoya a la víctima!

martes, 20 de mayo de 2008

¡SI NOS ABRUMARA LA VIOLENCIA!


Si de verdad a cada uno de nosotros/as nos abrumara la violencia que nos rodea, estaríamos en el comienzo de su control. Pero pasamos de largo, tal vez incómodos, ante los signos constantes de este mal progresivo y diversificado que corroe a la sociedad. Un mal antiguo que no mejora con el avance de las civilizaciones, aunque así lo parezca. Solo se camufla canalizándose de diferentes maneras, aflorando de continuo en diversos medios con más o menos intensidad pero causando víctimas, dolor e infelicidad.
Abrir un periódico, escuchar una emisora de radio o ver un telediario, es saber de antemano que vamos a toparnos con noticias de la insensatez y crueldad humanas, que se producen tanto en culturas estancadas como en el entorno más floreciente y avanzado de la tierra. Pero leemos, escuchamos, vemos y... pasamos página. Y si el tema surge en conversaciones o comentarios siempre concluimos que nada podemos hacer para evitar estas lacras. Como mucho y según en que circunstancias culpamos o pedimos soluciones al gobierno de turno. Esto que es no solo lícito sino legítimo, es también una forma de eludir lo que nos atañe del problema cuando no analizamos si, como individuos y como colectivos, por acción u omisión, somos responsables del tipo de sociedad que estamos construyendo. Si no pensamos por qué no nos sentimos abrumados por los hechos violentos que acontecen, que resbalan por nuestras conciencias como el agua de tormenta por las laderas montañosas: sin penetrarnos. Todos los días hay victimas de violencia: familiar, de género y delictiva en general. Violencia verbal en los programas televisivos y lo que es más grave en foros políticos. Cada día hay accidentes causados por el desprecio a la vida, se produce acoso escolar más o menos solapado y tolerado, se descubre maltrato en guarderías-si lo hay no son escuelas infantiles- o en residencias de mayores. Ya no quiero casi mencionar las crueldades de atentados terroristas o conflictos bélicos en cualquier lugar de la tierra: esos nos remueven a la mayoría un poco más, por unos instantes... nos atemorizan; pero lo que es su base, la violencia que se ejerce cada día en nuestro entorno pretendidamente pacífico es abrumadora. Y si dejáramos que nos penetrase su realidad, que nos alertaran sus señales, encontraríamos, incluso a nivel individual, respuestas positivas para combatir esa lacra que nos deshumaniza y desgarra. Pero por poner un ejemplo sangrante, según las encuestas del CIS, solo un 2% de la población percibe como un problema la violencia machista. Siguen reduciéndola a un espacio particular y privado pese a que entre 2001 y 2007 fallecieron por esta causa 425 mujeres. Sin embargo, si se produjera una auténtica sanción social de la violencia, de todo tipo de violencia; un clamor de cómo nos abruma su ejercicio, empezaríamos a frenarla.
¡ Me siento abrumada! ¿Lo intentamos?
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sábado, 17 de mayo de 2008

LA IMPORTANCIA DE LOS SIMBOLOS


Me indigna la frase manida y mezquina leída en un periódico de tirada nacional. “¿Alguien pensaba que tal vez ZP o PB iban a dejar escapar una oportunidad como ésta?. ¡Una embarazada dirigiendo las tropas!.”
Pues bien, señor o señora “cómo se llame”.Bien aunque así fuera, porque eso significa talento político. Porque aprovechar la fuerza simbólica de esa circunstancia, que no resta mérito a la persona que detenta el cargo, sería en todo caso sabiduría política en quien conoce la necesidad de aprovechar todas las fuerzas para cambiar una cultura nefasta en la que las mujeres siguen siendo, de hecho, el segundo sexo. Algo que ya no se dice pero que esta soterrado en la mentalidad de muchos hombres y mujeres de cualquier edad, que determina muchas actitudes discriminatorias y genera la pérdida de talentos y de capacidades, que origina menosprecio y es caldo de cultivo y una de las raíces de la violencia de género.
Puede que haya otras personas igual o más capacitadas que Carme Chacón para ministra o ministro de Defensa. Igual que para cualquier Ministerio. Para todo hay alguien mejor y muchos y muchas peores. Cualquier persona nombrada para cualquier puesto siempre tendrá a alguien que la supere o la iguale, pero esto no merma su valía. Lo mismo podría decirse de cualquier cargo de cualquier gobierno de cualquier ideología. Importa y mucho su solvencia y responsabilidad y Carme Chacón, a quién no conozco personalmente, con quien no comparto ni edad ni origen, es sólida y solvente como se desprende de toda su trayectoria. Podría ser otra u otro, pero también ella. Y si su circunstancia ha sido aprovechada es un valor añadido al instinto del Presidente, que conoce el valor de los símbolos y su trascendencia en el cambio que impulsa la igualdad de sexos, que es una ambición de justicia democrática sin la cual el empeño en la lucha contra la violencia de género, que implica un cambio profundo de mentalidad, no se conseguirá. Esta lucha requiere políticas transversales complejas, que esperamos asuman las demás mujeres y hombres del nuevo gobierno. Pero las responsabilidad de ellas es mayor, porque no pueden olvidar que su valía tal vez no se habría tenido en cuenta sin la voluntad política del Presidente, pero tampoco sin la lucha tenaz de muchas mujeres, que pese a haberse quedado en el camino que lograron abrir, sienten la emoción de contemplar el gesto responsable de una embarazada haciendo el paseíllo al frente del Ejercito Español. Que sienten el orgullo de que una mujer joven afronte el Ministerio de Defensa, porque pese a que hay muchas y bien preparadas mujeres con una larga trayectoria, el símbolo de la juventud, que tanto pasa ahora de la cuestión de Igualdad, pese a sufrir la discriminación, es importante; como sigue siendo importante la paridad, como en su momento lo fueron las cuotas, ya que su filosofía no era colocar floreros, sino potenciar talentos que por razón de sexo se marginaban. Las ministras arrastran las mismas capacidades y limitaciones, en cualquier función, que los ministros y el don de la maternidad tiene que ser un plús. No hay que exigirles menos pero tampoco que negarles más. Y
el ejemplo de este Gobierno, más allá de su signo, es, pese a quien pese y duela a quien duela, grande para la Democracia y la Justicia. Y todas las mujeres con ambas ideas bien arraigadas valoramos como se merece este gran símbolo.

jueves, 15 de mayo de 2008

Rincon literario mallorquín


En el Rincon literario de aquella semana queda, ademas del recuerdo entrañable, el archivo audiovisual de la lectura de la obra con imágenes del arte americano que retratan precisamente mujeres de hoy.
¡Que lo disfrutéis!
En http://rinconliterario3denit.blogspot.com/2007/02/mara-jess-gonzlez-vzquez-entrevistada.html

lunes, 12 de mayo de 2008

Mujeres progresistas: una apuesta por la igualdad desde la educación informal


El movimiento asociativo de mujeres progresistas por la igualdad, que emerge en Madrid en 1986, lo hace desde unos grupos de reflexión, que observaban preocupadamente cómo el mensaje feminista no traspasaba una serie de barreras. No llegaba a la gran masa de mujeres, quedándose en círculos reducidos, generalmente de las capas más ilustradas y de las cuales no todas vencían las resistencias mentales de una educación tradicional y, en el mejor de los casos, no pasaban a una acción solidaria.
Era necesario hacer calar la idea de igualdad de una forma generalizada en la población femenina, para, aprovechando la coyuntura de gobiernos progresistas, poder reivindicar y conseguir unas medidas legislativas y unas políticas sociales correctoras de la situación de discriminación en que se encontraban las mujeres. Sobre todo las que pertenecían a los sectores sociales más desfavorecidos.
Era necesario promover la participación de las mujeres en la dinámica social, fomentar su asociacionismo y su integración en el ámbito de lo público.
Probablemente estos planteamientos no eran inéditos en el plano teórico, pero se acompañaban de la constatación de que había que abordar el trabajo feminista con otra metodología, empezando por no anteponer el término al concepto. Había que afrontar el hecho del rechazo que el término «feminista» provocaba en muchas mujeres y la confusa percepción que la sociedad tenía-tiene de su significado.
Había que evitar que las palabras crearan barreras y lograr el objetivo de contactar positivamente con colectivos de mujeres que padecían importantes carencias culturales, necesidades sociales y situaciones de discriminación concretas o generalizadas. Mujeres que, por otra parte, casi nunca identificaban su situación personal como parte de una problemática colectiva. Había que crear una conciencia de grupo, una solidaridad de género, buscando el acercamiento, facilitándolo y ofertando apoyos y soluciones.
Era necesario que las mujeres llegasen a asumir todo el contenido y el significado del trabajo feminista en favor de la igualdad de oportunidades, para la aceptación y la comprensión natural del término «feminismo».
Era imprescindible también el contacto próximo y cotidiano de las mujeres más concienciadas con aquellas otras de su entorno, en el que debían de actuar como agentes dinamizadores, pero en el que era imprescindible que se percibiera su dimensión de normalidad: había que superar la identificación de mujer feminista con extremista, agresiva, rara, casi marginal o lesbiana de necesidad.
Basándonos en estas consideraciones previas, y algunas otras que omitimos, se asumió la denominación de Mujeres Progresistas Por la Igualdad, atendiendo a nuestro posicionamiento en favor de los sectores de mujeres más desfavorecidos de la sociedad y al objetivo fundamental de conseguir la igualdad real de hombres y mujeres.
Para buscar la proximidad y el acercamiento se establecieron delegaciones en los Distritos Municipales de Madrid y en los pueblos de la Comunidad Autónoma, que rápidamente se transformaron en Asociaciones Locales, constituyéndose con ellas la Federación Regional de Asociaciones de Mujeres Progresistas Por la Igualdad (F.R.A.M.P.P.I.).
Con posterioridad este movimiento se iría extendiendo por otras Comunidades Autónomas, constituyéndose una Federación estatal, consolidada, pero todavía en proceso de desarrollo. Ahora mismo, con unos postulados similares y con unos objetivos comunes, pero con proyectos específicos para cada medio, podemos decir que aquel esfuerzo inicial del grupo de Madrid está dando frutos por toda España. Se ha contribuido decisivamente a que el concepto de igualdad haya calado en la sociedad actual. Pero antes de enumerar otros logros, hay que concretar las actuaciones y analizar las dificultades de implantación y de funcionamiento de todo este período, porque de éstas se derivó la apuesta decidida por priorizar actividades de tipo educativo y cultural en nuestros programas de actuación.
Al acercarnos a los barrios y pueblos, tratamos de conocer cuál es la situación económica y cultural y cuáles son las demandas de las mujeres. A pesar de la diversidad en los aspectos mencionados entre unos distritos y otros, y sobre todo en relación con los pueblos, hay una serie de elementos comunes a todos los colectivos femeninos. Por lo general, las mujeres, por una parte, demandan actuaciones educativas y culturales. Por otra, rechazan el establecimiento de cualquier compromiso y la asunción de cualquier responsabilidad. Esperan recibir el esfuerzo de la Asociación de modo placentero y de forma pasiva. Sus motivaciones no son siempre culturales en sentido estricto. Buscan salir del aislamiento cotidiano, comunicarse. Pocas veces se plantean algún esfuerzo personal, ni adoptan una actitud reivindicativa. La mayoría presenta muchas carencias formativas, bien porque en su día no tuvieron oportunidades de aprender, bien porque la tradición les marcó otros caminos, pero casi siempre porque el trabajo doméstico y la atención familiar han absorbido toda su capacidad y todo su tiempo, impidiéndoles ocuparse de sí mismas y de su formación. Son, en su mayoría, lo que se viene denominando amas de casa.
Su horario está condicionado por el trabajo o la actividad de los demás miembros de la familia. No están concienciadas respecto a los planteamientos feministas. En algunos casos los rechazan y carecen de hábitos de participación. Se resisten a asociarse y a pagar unas cuotas, por módicas que sean, y no siempre por razones de insolvencia económica. Hay también mujeres incorporadas al mundo laboral: no todas por voluntad propia ni por un sentido de la realización o independencia personal. Algunas tienen mayor conciencia reivindicativa, pero con poco sentido de solidaridad de género y escasa disponibilidad. Soportan la carga de la doble jornada al no tener compartidas ni las cargas familiares, ni el trabajo del hogar.
Hay que trabajar con mujeres que presentan una gran atonía participativa pero con una demanda de apoyos diversos. Mujeres en situaciones de dependencia no sólo económica, sino de criterio respecto al compañero, tanto en lo que se refiere a su propia dinámica vital, de formación o de participación social, como en sus opciones políticas.
Ante esta situación, hay que posponer o disfrazar fines reivindicativos y optar por mejorar los puntos de partida de las mujeres. Se aborda decisivamente el hecho de que el nivel educativo y cultural refleja la discriminación sufrida en este terreno por las mujeres de varias generaciones, y que el camino hacia la igualdad empieza por una contribución a suplir esas carencias.
Se elaboran programas de actividades con unos contenidos culturales atrayentes, próximos a los intereses tradicionales de las mujeres pero con claros elementos concienciadores, y se establece un plan de trabajo en dos niveles. De federación, en primer lugar, creando unos servicios de asesoramiento y apoyo, a la par que de coordinación y canalización de actuaciones reivindicativas ante las instituciones, sobre todo o inicialmente, en los terrenos legislativo, educativo y sanitario.
Y en segundo lugar, en las asociaciones locales se desarrollan programas concretos de actividades que comprenden charlas-coloquio, visitas culturales, cursos de habilidades sociales o de formación de animadoras socioculturales. Se trata, en principio, de implicar a las mujeres en la participación, ocupando positivamente su tiempo de ocio. Posteriormente se llevarán a cabo programas más comprometidos. Pero siempre nos movemos en el campo de la educación informal. Atendemos a mujeres a las que les resulta muy difícil integrarse en programas de enseñanza reglada, aunque las animamos también a participar en ellos y los reivindicamos ante las instituciones competentes.
Nuestros programas educativos no implican una renuncia a modificar la situación real de desigualdad de las mujeres ni a la reivindicación de sus derechos. Son un medio de transformación de dicha situación, en cuanto que los contenidos y la metodología no sólo mejoran sus conocimientos sino que modifican actitudes. Los programas de sexualidad o de psicología femenina que vamos incorporando permiten a las mujeres un mejor conocimiento y aprecio de su cuerpo, superando las definiciones sociales sobre lo bello, lo joven y lo atractivo. Les permiten mejorar su autoestima y una valoración positiva de su propia vida. La identificación de su problemática con la del grupo y el desarrollo de sentimientos y actitudes de solidaridad.
Se incorporan también programas sobre Historia de las mujeres o Literatura femenina. Se trata en todo momento de transmitir no sólo el hecho cultural, sino el papel de la mujer en ese hecho. Transmitir las posibilidades y realidades femeninas fuera del ámbito tradicional o doméstico, lo que permite ir avanzando en el cuestionamiento de los roles.
En el aspecto metodológico, siempre en cualquier programa, se utilizan recursos que favorecen el trabajo en grupo, la discusión y el contraste de opiniones, es decir, técnicas de dinámica de grupos.
En los momentos actuales, cuando podemos analizar nuestra trayectoria con una perspectiva de años, estamos comprobando que los programas de Educación y Cultura siguen siendo, básicamente, imprescindibles en el trabajo con las mujeres. Ciertamente estamos viendo el fruto del acceso de las mujeres-niñas a la educación obligatoria y a otros niveles. Las generaciones jóvenes no están en la misma situación cultural de hace diez años, cuando empezamos este trabajo. Para ellas la igualdad educativa es una venturosa realidad, pero tenemos a otras mujeres -sus madres- que siguen necesitando actuaciones educativas y son la razón fundamental de nuestro trabajo.
La opción, como punto de partida de la educación informal como contenido y método de trabajo, así como los condicionantes que nos llevaron a ella, no deben excluir, sin embargo, la atención de las demandas, cada vez más emergentes, de otros sectores de mujeres que quieren insertarse o reincorporarse al mundo laboral. No debe excluir tampoco el apoyo a las que desde este campo o desde la acción política demandan la no discriminación en el acceso a los puestos de responsabilidad y de poder de decisión.
No se puede, desde las organizaciones de mujeres, permitir que se pierdan potencialidades, pero para ello también es necesario un esfuerzo de formación.
En nuestras sociedades desarrolladas muchas mujeres abandonaron su profesión en el momento de la crianza de sus hijos. La superación de esta etapa o bien una crisis o pérdida de pareja las determina a volver al mercado de trabajo. Los cambios producidos en éste, que suponen la desaparición de una serie de funciones y la aparición de nuevas profesiones y métodos de trabajo, exigen a las antiguas profesionales una nueva formación o un completo reciclaje. Las que nunca tuvieron una preparación de tipo profesional, con mayor motivo, tienen una necesidad absoluta de adquirirla. Pero no se trata sólo de nuevos conocimientos y de nuevas técnicas.
Las mujeres tienen que aprender a instruirse, a inspirar confianza en la gente y a ganársela. No podemos obviar el hecho, constatado socialmente, de que mientras a los hombres se les supone capacidad y aptitudes, nosotras, las mujeres, tenemos siempre que demostrarla.
Cuando hablamos de integración o reincorporación de las mujeres al mundo laboral, no estamos tratando de aspiraciones quiméricas de justicia de género, ni de viejas y justas reivindicaciones feministas. Estamos en sintonía con informes de grupos de analistas y sociólogos que sugieren la necesidad de un ajuste estructural que permita un desarrollo social y económico positivos.
Informes como el elaborado por un grupo de expertos de alto nivel de la O.C.D.E., partiendo de la situación de hecho de la persistente desigualdad de oportunidades de las mujeres, que no permite rentabilizar plenamente su contribución al crecimiento económico y al progreso social, han estudiado las interrelaciones entre el proceso de ajuste estructural y la integración de las mujeres en el proceso económico. Las líneas de acción que se indican en dicho informe no sólo mejorarían la situación de las mujeres sino el funcionamiento de todo el sistema económico.
Por otra parte, partiendo del hecho de que las mujeres, que representan más del 50% de la población, están infrautilizadas desde el punto de vista productivo, la Comunidad Europea pone en marcha la iniciativa N.O.W: el programa Nuevas Oportunidades para las Mujeres, que trata de promover la igualdad de oportunidades de este colectivo en el empleo y en la formación profesional. El fundamento de esta iniciativa, que se desarrolla en doce países comunitarios incluida España, está en la necesidad de la incorporación de la creatividad y de la energía de las mujeres al mundo profesional. Desde el punto de vista del movimiento asociativo, la incorporación de la mujer al mundo laboral y a los puestos de decisión económica o política es una aspiración de justicia social y de desarrollo y consolidación de los sistemas democráticos. Pero es una aspiración realista y bien fundamentada.
La cuestión es el papel que el movimiento asociativo quiere o puede jugar en este proceso de formación de las mujeres para su integración en el mundo laboral. La opción puede estar en mantenerse en una línea reivindicativa o en asumir y llevar a cabo proyectos de formación. Esta parece, en principio, más propia de las instituciones, a menos que éstas faciliten los recursos económicos a las asociaciones, como ocurre en algunos casos. Entonces habría que considerar la capacidad de gestión y los recursos humanos de cada entidad para asumir proyectos y la demanda de las mujeres en su ámbito de actuación. En este sentido, algunas de las Asociaciones de Mujeres Progresistas también desarrollan programas de formación profesional. Pero todas trabajan en la modificación de actitudes o de desarrollo de las habilidades sociales básicas y previas.
A través de la actividad educativa se han ido incorporando a los contenidos programáticos todos los grandes temas que abarcan la problemática de la mujer.
Después de todos estos años de labor asociativa podemos decir que la actitud de las mujeres, que se han integrado en nuestras asociaciones y han participado con una cierta asiduidad, es mucho más positiva respecto a las reivindicaciones feministas tradicionales. Están más concienciadas y han asumido con naturalidad los conceptos feminismo e igualdad, si bien ésta última se plantea más como una aspiración para sus hijas o las generaciones de éstas. Se conforman con parcelas propias de independencia, pero ya no renuncian fácilmente a ellas. Sin embargo, el paso al compromiso activo con las asociaciones no se produce con facilidad. Aunque sí han aprendido que pertenecer a ellas supone tener una parcela de vida propia y sobre todo el estímulo para reforzarla y ampliarla. Esto en sí es ya un logro importante, porque para muchas mujeres el hecho de inscribirse en una asociación, sobre todo si tiene un fundamento reivindicativo en el terreno de la igualdad, es una decisión difícil, significa en muchos casos empezar a cuestionarse su trayectoria personal y la permanencia en espacios que domina. Adentrarse en otros nuevos produce inseguridad, porque supone ir saltando o sorteando una serie de barreras sociales o psicológicas.
El entorno social prima el sentido de lo individual, el interés personal o familiar, mientras que la participación conduce a la valoración de problemas o intereses colectivos e implica el olvidado valor de la solidaridad.
Finalmente, después de todo el esfuerzo desarrollado por el Movimiento de Mujeres en general, y de nuestra experiencia y aportaciones en particular, consideramos que sigue siendo necesario incentivar cada paso, cada aproximación de las mujeres a la participación. Y que es imprescindible un esfuerzo de imaginación y trabajo educativos, que, combinando las motivaciones próximas de las mujeres con unos contenidos liberadores y progresistas, las puedan llevar a la superación del desinterés participativo y de la alienación personal.

Publicado en Revista Iberoamericana de Educación Número 6Género y Educación
Septiembre - Diciembre 1994

PLACERES RECUPERADOS, el libro


SI ME PERMITEN UNA SUGERENCIA...

PLACERES RECUPERADOS es un libro de lectura tranquila, que quiere relajar y provocar sonrisas, de modo que nada de inquietarse si, antes de iniciarla, o en plena lectura se le ocurre consultar el índice.
El salto de páginas del primer relato puede causarle una cierta molestia o alguna inquietud. Pero le aconsejo que no altere la lectura buscando continuidad, porque su verdadero sentido se alcanza respetando el orden numérico natural.
De modo que me atrevo a sugerirle que empiece por el principio, ordenadamente, o que continúe donde lo haya dejado, acercándose al grupo, viviendo cada paso con él, conociendo a las personas y descubriendo a los personajes. Porque este es un libro en el que hay de todo: personas, personajes y un ente híbrido.
Las personas son seres de hoy, actuales y auténticos, que emiten destellos de irrealidad cuando los ilumina la imaginación de María. Los personajes, son criaturas del bosque imaginario que puebla la mente de la autora, en las que el viento ha dejado semillas de sentimientos, y vivencias transmitidas por muchas y diferentes personas.
El ente híbrido se confunde con la narradora, que tiene, tal vez aquí, un cuarto de persona, y en todo lo demás es personaje, tan literario como los que pueblan todos los relatos de María.
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PERSONAS:
Fina y la otra Fina.
Tere y Ersilia
Zayda y Quetina
Sisita y Carmina.
Gloria y Elena.
Pilar.
Este orden se puede cambiar y alterar hasta lo infinito. Por ejemplo:
Fina, Tere Y Zayda.
Ersilia, Quetina y Pilar y Sisita.
Carmina, Gloria, Elena y la otra Fina
O bien:
Gloria, Ersilia, Fina y Carmina.
Zayda, Tere, y Quetina. Sisita
Elena, Pilar y la otra Fina.
Y así se podrían llenar páginas, hasta que cada una de ellas empezase por el principio y acabase por el final. Pero no será necesario, porque, todas, son lo bastante sabias para percatarse de que son tan importantes, como animosas lectoras de María.
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RAíCES DESAPERCIBIDAS EN LA DESIGUALDAD DE GÉNERO

Conscientemente hablo de género para hacer hincapié en las desigualdades, determinadas por la cultura, entre hombres y mujeres, y no en las genéticas o externamente físicas derivadas de la diferencia de sexo, que todavía se esgrimen para mantener la discriminación femenina en sentido negativo.
Con frecuencia aparecen noticias sobre la desigualdad en el trabajo o en el salario por razón de sexo. Casi a diario, tanto que empieza a ser rutina, se informa de un hecho violento en el que la victima mortal es una mujer: todo tan cotidiano que ya no sorprende ni inquieta, porque solo lo novedoso nos saca de nuestra indiferencia. Sobre todo en temas que nunca interesan lo suficiente como para ocupar portadas: siempre hay un conflicto bélico, una catástrofe natural, una reunión de mandatarios o un tema político puntual, que acapara la preocupación, mas allá de lo íntimo, de cualquier persona.
En tales circunstancias, si hablamos o escribimos conmovidos por los últimos episodios de violencia de género, se nos mira con la displicencia aplicada a mentes frívolas poco atentas a lo que de verdad inquita a la sociedad. Solo se nos presta cierta atención cuando mencionamos datos y estadísticas. Muy importantes en cualquier estudio o informe, pero muy fáciles de olvidar, sobre todo si se abunda en ellos. Porque pasado el impacto momentáneo lo que perdura es la idea del hecho: la discriminación y, o, la muerte. Porque ambas siguen produciéndose cada día. Y cada día hay que reflexionar sobre ello y comentarlo de forma que vaya calando en la sociedad como lluvia fina.. Hay que analizar noticias que, más allá de lo que pretenden contar, dejan entrever una visión arcaica del rol dela mujer, y el gran asentamiento y arraigo que aún mantiene en la actualidad, de forma en parte inconsciente y en parte indiferente
Las mujeres somos percibidas como presa fácil para hacer gala por parte del otro sexo de mayor fuerza, dominio o preeminencia. Y esto no atañe solo a generaciones maduras. En rigor hay que decir que tampoco es una percepción exclusivamente masculina. Pero esa visión del sexo femenino le convierte en víctima mayoritaria y casi exclusiva.
Muchas mujeres tienen que cambiar todavía su propia perspectiva de género. Pero este tema merece otro comentario. Lo que ahora se pretende destacar es como persiste una determinada percepción de la mujer en la mentalidad de las generaciones más jóvenes de varones. Porque es evidente que la violencia sexista, lo mismo que no atañe a un sector social determinado, tampoco afecta en exclusiva a las generaciones maduras: se produce en parejas mayores y entre las más jóvenes. Esto pone de relieve un hecho: que la mujer es un sujeto sobre cuya vida puede tomar decisiones el hombre. Las circunstancias en que la violencia se ejercite sobre ella y las causas concretas pueden ser diversas. Las razones inmediatas que llevan a un hombre joven, maduro o anciano a la agresión pueden ser muy distintas. Pero la última causa es siempre común: el sentimiento de propiedad fundado entre otras cosas en el sentimiento de superioridad, fortaleza y capacidad del varón.
Por supuesto que ese complejo sentimiento del hombre y su visión de la mujer tiene grados y matices. También, afortunadamente, muchas excepciones, pero nos referimos al sentimiento machista y en su peor manifestación: la violencia, psíquica o física.. Este sentimiento y las conductas derivadas, a veces desapercibidas, deben de ser puestas en evidencia si queremos tener éxito en la erradicación a medio y largo plazo de la riada de muertes.

LA IGUALDAD CONQUISTADA: LA TRAMPA DE LAS NOTICIAS

Mujeres al mando, una frase destacada en un conocido periódico que, a continuación, relataba cómo Ángela Merkel se ha convertido en la primera mujer canciller de Alemania, en un interesante reportaje sobre éxitos y opiniones de numerosas triunfadoras. Sin negar el gran avance actual de las mujeres, ni su esfuerzo e importancia, sobre todo si consideramos el punto de partida, no podemos dejamos llevar por el lado optimista de este u otros reportajes, ya que puede asentar la generalizada idea de que las barreras discriminatorias se han vencido y se ha quebrado el techo de cristal, porque comporta el riesgo de abandonar el esfuerzo ante los primeros frutos de una muy trabajada cosecha. De modo que, junto a esas noticias, no podemos obviar otras que se producen de modo simultáneo, como las relativas a la Cumbre de Salamanca: con la mención de los participantes, de los temas tratados y de quien ha venido o dejado de venir, se da cuenta escrita o fotográfica del programa paralelo de sus esposas. Estas mujeres, al margen del legítimo apoyo a sus parejas o del disfrute de la circunstancia, pueden tener un valor propio pero no es en función del mismo por lo que aparecen reconocidas. Incluso puede que algunas se hayan visto avocadas a prescindir de su propio rendimiento por la situación del consorte, como ocurre a otras mujeres menos privilegiadas. Y aquí se nos muestran en una función secundaria. No participan en lo importante, que se discute y resuelve mientras transcurre su programa turístico, con algún toque social, que puede ser función de una primera dama como consecuencia de la relevancia política del marido. Y esto sucede ante nuestros distraídos o complacientes ojos, aquí como en distintos lugares del mundo, en diferentes estratos sociales, en este momento, sin que nos sorprenda la incongruencia.
Recordando otras noticias recientes, podemos analizar un reportaje muy ilustrativo de la función de nuestras conciudadanas, en esta época considerada la más favorable para las mujeres. Y que, sin duda, lo es. El artículo en cuestión, cuyo título y contenido pueden a primera vista parecer inofensivos, e incluso manifestar una valorable- que la tiene- sensibilidad social, pone en evidencia en el fondo y presentación otra realidad actual de muchas mujeres, que supone un freno a sus aspiraciones y derechos a la equiparación, en todos los ordenes, de sexos. Junto al titular, No aguanto a mi hijo, aparecen cinco mujeres y el relato del drama que viven a causa de la hiperactividad de sus hijos. Aunque el motivo podría ser otro y en ningún caso se trata de una crítica al reportaje sino de la otra lectura que puede hacerse: la que ejemplifica la feminización de los problemas familiares. Todo podía haberse contado en clave compartida de pareja. Pero no reflejaría la realidad de la mujer receptora activa de cargas familiares que la limitan. No es difícil deducir de las noticias la fragilidad de la Igualdad conseguida.-

UN SEXISMO SUBCONSCIENTE

A propósito de la cuestión sucesoria planteada con motivo del nacimiento de la Infanta Leonor, un escritor tan reconocido como Eduardo Mendoza, decía en su columna periodística que, a la hora de eliminar la discriminación en el orden sucesorio, “no se trata, pues, de una de igualdad de sexos en la que todos estamos más o menos de acuerdo, sino en calibrar que habría pasado el 23 F si al teléfono de la Zarzuela se hubiese puesto una mujer”. Cuando se es lector/a irredento/a de prensa, es frecuente encontrarse párrafos así de jugosos a la hora de ejemplificar la persistencia de aquellas realidades que acentúan la desigualdad de género. Y no los comentamos por ansia alguna de polémica estéril, sino por la convicción de que son la base en que arraigan comportamientos detestables que, estos sí, “más o menos” todos queremos erradicar. Por eso a quienes nos esforzamos tanto por conseguir la equiparación de sexos, a quienes vivimos de cerca los problemas de discriminación y falta de libertad, e incluso de ciertas formas de violencia, nos resulta desalentador encontrarnos con comentarios tan dañinos para la imagen de la mujer. Comentarios que proyectan la idea latente en el subconsciente de que hay tareas que, por su magnitud y trascendencia, podrían resultar socialmente peligrosas si las ejecutase una persona de sexo femenino. Y resultan más desalentadoras esas opiniones cuanto más relevante es quién las pronuncia y el medio que las difunde. Para cuestionar, como parece que se pretende, la justificación de la existencia actual de la monarquía, no era necesario, y menos para un autor que goza de tanto prestigio, evidenciar la imagen caduca de las mujeres que anida en su subconsciente. La que permanece soterrada en amplios sectores sociales, y a veces se cuela entre la maraña de palabras que brotan de bocas o plumas cotidianas sin que se cuestione, se debata o se le preste atención Por ello es necesario insistir en que la problemática de las mujeres se deriva también de la percepción social que de ellas se tiene. Y las líneas que han motivado estas reflexiones, contribuyen a proyectar una imagen limitada, cuando menos, de la mujer Por ello no podemos dejarlas pasar desapercibidas cuando se trata de erradicar de la cultura actual las perniciosas raíces del pensamiento machista.. Las que subyacen bajo una mentalidad aparentemente moderna, que permite aprovechar nuestro rendimiento productivo siempre y cuando nos conformemos con posiciones menos relevantes, o con inferiores salarios por el mismo trabajo. Siempre que sigamos afrontando las responsabilidades familiares, o las tareas domésticas cotidianas. Siempre que no dificultemos la trayectoria de quién tiene, de verdad, relevancia. Este pensamiento sobre las mujeres, nuestras capacidades o funciones, que tampoco es solo un residuo generacional, tiene que desaparecer para que dejemos de parecer intrusas si optamos a cualquier alta responsabilidad.

viernes, 9 de mayo de 2008

LA VIOLENCIA MACHISTA NO DA TREGUA

El goteo agosteño se ha convertido en chorro: apaleada, estrangulada, apuñalada. La modalidad, a elección del amo: la maté porque era mía. Difícil ha sido sacar a luz los problemas. Veinte años atrás, las feministas empujábamos con insistencia (y pobres resultados) a los poderes públicos y mediáticos para que afrontaran la problemática específica de la mujer. Ahora es frecuente su tratamiento en los medios. Las medidas para corregir la desigualdad por razón de sexo son ya numerosas aunque incompletas. Sin embargo, este esfuerzo encuentra resistencias soterradas, en la mayoría pasiva e indulgente y en la minoría exacerbada que incrementa el lado más duro de la conducta machista: la violencia con resultado de muerte. Algo que debería alarmar a la sociedad tanto como el terrorismo. La erradicación de la violencia sexista no permite vacaciones. La responsabilidad de atajar tal lacra no concierne sólo a los políticos: lo suyo es legislar, sancionar y prevenir. Pero nada será suficiente si no se consigue implicar a la mayoría social en el empeño. Además, tampoco puede abordarse el tema de la violencia en abstracto, al margen de los factores que la propician. Y que no se reducen a la independencia económica de las mujeres; un factor importante pero con doble consecuencia: facilita la decisión de la victima de apartarse del agresor, pero decide a éste a pasar de los golpes a las puñaladas. Hay que incidir en otros elementos intervinientes.

Hoy, la muerte de mujeres a manos de sus compañeros se condena desde cualquier opción de pensamiento, con convicción o sin ella (lo contrario sería políticamente incorrecto) pero eso sí: desvinculándolo del concepto feminista de igualdad e incluso como algo ajeno al propio feminismo. Muchas personas dicen estar en contra de la violencia machista, pero a continuación afirman no ser feministas. Y esto es grave porque no pueden disociarse los malos tratos y las muertes de mujeres, de las carencias y discriminaciones que las han relegado a una consideración de menor rango humano. El problema de la mujer es universal y complejo. Su solución requiere un descomunal esfuerzo de la sociedad: no puede haber tibieza ni relajación y, sobre todo, hay que educar, cambiar la mentalidad, remover principios asentados en el subconsciente durante siglos, empleando todos los medios institucionales y no formales. Porque sólo cuando la sociedad al completo contemple a la mujer como persona equivalente al hombre, autónoma, dueña de su vida, compartida o no, sólo entonces podrá desaparecer la violencia específica contra ella. El feminismo que, substancialmente, busca el perfeccionamiento de la democracia y la armonía entre los seres humanos, tiene que seguir activo; es actual y necesario para afrontar los nuevos retos. Los problemas persisten: las generaciones más jóvenes deben completar la labor de sus madres, implicando a la sociedad en una educación que propicie otra visión de las mujeres.-
(Publicado en Cuadernos para el Diálogo. Número 4. Octubre 2005)