lunes, 16 de junio de 2008

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA (1)


Hace unos días, la sentencia de un tribunal andaluz sobre la pretendida objeción de conciencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, me hizo recordar una pequeña anécdota de hace unos años, cuando aún me quedaba bastante de mi otra vocación, de Pedagoga, porque ya sabéis que además la tengo de feminista y escritora y que esta última es la que ahora prima en mi actividad. Pero algo me queda, porque a la menor sugerencia al respecto, vuelvo a pensar en temas educativos sin demasiado esfuerzo. Y además no me resisto a incluir la imagen manchada de rojo de esta escultura, aunque no sé a quién representa, pero que es en todo caso un motivo de ornamento público de alguna ciudad.
El caso es que, paseando tranquilamente por una arbolada calle de mi barrio oigo un ruido de golpes contundentes, acompañados de voces infantiles. Al girar en una esquina los veo. Son tres y no pasan de diez u once años. Patean con desenfreno una papelera que se desprende del soporte ante mis ojos hasta rodar por la calzada.
Me acerco a observarlos sin disimulo. Me ven, pero siguen a lo suyo, aunque se cruzan miradas inquietas. ¿Qué hacéis? les pregunto. Jugamos, me contestan. ¿Jugáis rompiendo papeleras?. Se miran sin responder, encogiéndose de hombros. Esa papera la he pagado y yo vuestros padres. ¿Mis padres? dice uno abriendo mucho los ojos, bailándole en la cara unas pecas. ¡Qué va!, añaden a coro los tres. Pues preguntadle, cuando lleguéis a casa, quién paga el mobiliario público... las papeleras.
Se callan. Alguno intenta retomar el juego empujando, con menos entusiasmo, calle abajo, la papelera abollada e inservible. Pero luego se van en silencio, perdiéndose al doblar la esquina más cercana.
Esto es un relato. Pueda que sea -lo pretendo- literario, pero responde a un hecho real ocurrido en un barrio acomodado, con unos chavales bien vestidos y alimentados, pero deficientemente educados en el respeto a los bienes comunes. A día de hoy, quizá unos padres desbordados por múltiples tareas, se olviden, como entonces, de inculcar a sus hijos determinados principios, quizá el individualismo imperante no favorezca el desarrollo de valores cívicos imprescindibles para una convivencia pacifica. Por eso es tan importante que en las escuelas se complemente esa deficiencia con un programa de EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA, que, entre otras cosas, aborda en el Bloque Tercero de sus contenidos de Primaria, el conocimiento de las normas y principios de la Constitución. Entre ellos la valoración de los bienes y servicios comunes, así como la obligación de la administración pública y también de la ciudadanía a su mantenimiento: Es decir, la señora Aguirre y los alcaldes de esta Comunidad-o cualquier autoridad de cualquier autonomía- así como cada ciudadano del estado español, saben que, si se objeta o favorece el incumplimiento de enseñar Educación para la Ciudadanía, se está incumpliendo la Constitución.
Pero este tema es amplio y merece la pena seguir tratándolo. Lo haremos.

2 comentarios:

David Carrascosa dijo...

Hola Maria Jesús, a ver si pones este comentario en tu blog, jeje.

Ortega y Gasset esgrimía una metáfora en su "Rebelión de las Masas": nos gusta el pan pero quemamos las panaderías. Creo que la filosofía ultraliberal esparce esta clase de nihilismo nocivo entre los individuos, que no ciudadanos.

Un beso, amiga blogger.

Maria Jesus dijo...

Hola:ya ves que lo pongo ¿Cómo no amigo? hay que dejar que fluyan las opiniones, las ideas,y recibirlas con placer.Mayor cuando se comparten muchas, como es el caso... Un besote.