jueves, 3 de julio de 2008

La vieja casa de los abuelos evocada por Julio, mi hijo


De MJGV@hotmail.com
Enviado miércoles, 02 de julio de 2008
Para: HG, Julio; Yago HG
Asunto: Hola

Hola filliños:
Hoy entramos en la casa de los abuelos que estaba alquilada, pues ayer nos entregaron las llaves. No me dio pena volver porque allí viví poco tiempo antes de casarnos y bastante feliz, (...) Al entrar en la vieja casa percibí que es amplia y luminosa, con una buena terraza, (...) Ahora os digo lo malo: está llena de basura. No lo han limpiado en los 18 años que llevaban viviendo allí, la mugre corroe las ventanas...

Ya os contaré más. Os mando mil abrazos y cierro el ordenador hasta la noche, que tengo que salir.
Mamá
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Email de respuesta de 2 Jul 2008
From: juliohg@gmail.com
To: marisugv@hotmail.com
CC: yago.hg@mediagraet.com


Que pena lo de la casa. Yo la estoy viendo ahora mismo. Corriendo desde la salita al baño por todo el pasillo sólo o jugando con mi hermano. El sofá verde que se hacía cama. La camilla donde jugábamos al parchís con la tía Nieves que no paraba de reír o donde el abuelito echaba sus solitarios. El mueble de la vieja radio con tocadiscos situada al entrar en la salita, a mano izquierda, sobre un mueble que hacía las veces de mueble bar, con la botella de “kinito” dentro junto a las de aguardiente o licor café. Ver los fuegos por Santiago desde la terraza y el horror del Orense bajo un cielo rojo de dolor del fuego que se adueñaba de sus montañas.

El comedor con el aparador y la mesa que con tanto esmero poníamos con el abuelo, mientras la abuela preparaba la cena en la cocina. Nunca faltaba un poco de fiambre y de queso, del bueno, del de casa, del de toda la vida. La cocina donde lucharon con nosotros para darnos de comer. Primero de hierro, blanca. Luego de fuegos, de bombona. Las dos cuerdas en la ventana para tender ¡Si hablaran esas dos cuerdas…y los muros de esa casa…!. La mesa azul de patas metálicas donde comíamos todos los días.¡Qué rico sabía todo! Y en Invierno la abuela asaba castañas en el horno de la cocina. Y el dormitorio de castaño de los abuelos, con el rosario colgando sobre el cabecero de la cama. Aun habría de trasladarse integra esa estancia a la nueva casa en la que estrenamos coche, casa y nueva vida de los abuelos a regañadientes.
¡Tantos y tantos recuerdos de infancia feliz!
Cuando llegó Yago en un cuco rojo en el Dyane 6 y yo estaba en la tienda. Salí corriendo gritando emocionado que venía, que tenía un hermanito. Tan guapo. Tan rico (Te quiero tanto Yaguete) Pues sí. Tantos veranos en esa casa y en la de Cimadevila con la tía Hortensia. Pero allí, en la casa de Orense viví como niño, viví como hermano, tuve mis escarceos como adolescente y encontré refugio en los momentos malos. En los más tristes. Una casa donde solo hubo felicidad, cariño, afecto y mucho amor. Recuerdo salir con el abuelo de la mano por el parque y me presentaba a todo el mundo siendo yo bien pequeño.
Y luego ya de mayor salir a pasear a la estación con los dos hablando de todo y de nada. De nuestras cosas. ¡No bajéis los escalones corriendo! Nos dijeron a veces. ¡No subáis las persianas hasta arriba que hacen tope y luego no pueden sacarse!. Y el frío gélido del invierno que pasé aquellas navidades allí solo en que me emperré en ir a pasar los reyes persiguiendo un amor de juventud aunque los abuelos no estaban en Orense. Joer, que se me hielan los pies y las manos al acordarme.

Llegar de madrugada, con los zapatos en la mano para no hacer ruido, acompañado de David, algo pirípis y claro riendo de las peripecias nocturnas acontecidas. ¡Sissh sissh, ¡no te rías, tío que nos pillan!. David tapándose la boca y claro. Entramos y como no conocía la casa de noche iba palpando con la mano izquierda en la pared y salvo el pasillo de la izquierda que llevaba a la cocina y al baño. Libró el comedor de milagro. Apoyó en la puerta del dormitorio de los abuelos y cayó rodando a los pies de la cama. Se hizo el silencio. Una voz, la de la abuela, pues el abuelo roncaba como una locomotora, dijo: ¡ Julito, en el armario hay mantas por si tiene frío tu amigo!. Desternillados de risa salimos de allí rumbo a la sala. Creíamos morir de la risa. Luego a primera hora, David que durmió en el dormitorio de mamá, se sintió indispuesto, claro y tras creer que no había nadie en el pasillo se dispuso a salir zumbando al baño pero en su carrera por el pasillo la puerta de la calle se abrió y se topó con el abuelo. Apenas pudo decir nada pues el vómito pugnaba por salir y huyó al baño.
Cuando yo me levanté y fui a la cocina, tomando un café mientras la abuela ya dejaba todo listo para la comida, me dijo, no despiertes a tu amigo que se ha puesto malo de noche. A mi, me entraba la risa y eso que no sabía aún la historia que había vivido el amigo David horas antes en el pasillo. La abuela cogió nuestros vaqueros y los puso a lavar como hacía siempre y estando comiendo los cuatro en la mesa, David y yo frente a frente dejando, en mi caso la ventana a la espalda, mientras oíamos las esquelas veo a David palidecer mirándome. Le hago una seña y el intenta levantar la cabeza como señalando la ventana pero disimulando. A todo esto, conversando todos como siempre. Yo cada vez más intrigado y David sin saber como hacer para indicarme un no sé qué. Total, que me vuelvo con cuidado hacia la ventana y me cambió el color de la cara, al verlo. Papel de fumar y unos preservativos colgados con pinzas de las dos cuerdas, puestos a secar. Nos las vimos negros para quitarlos de ahí. Los abuelos nunca dijeron ni mu de aquello. Nunca sabremos si porque no entendieron o quisieron saber.

Bueno basta de rollo que, además,Yago se sabe esta historia de memoria; y yo, como los viejos solo tengo historias que contar. Y siempre las mismas.
Larga vida tenga nuestra casa porque nuestra vida o parte de ella está en ellas.

Julio

4 comentarios:

David Carrascosa dijo...

Hola María Jesús, cómo estás? Bueno veo que estáis tomandoos unas placenteras vacaciones. Me alegro mucho.

Muy bonito el relato de la casa.

Un fuerte abrazo desde Barajas!!

Anónimo dijo...

Hola David.Una vez más gracias por recordarnos.Y si, aquí estamos bastante a gusto.Pero mañana nos vamos a la playa, cerca de Pontevedra hasta final de més.Y eso ya seran de verdad vacaciones.
Pero lo de mi hijo es una carta real.Todo es real, no es un cuento, aunque yo sea"cuentista".Ja.Ja.
Mi hijo ha venido a vernos este finde y protestó un poco por haber sacado su carta y además sin "pulir" pero aún asi escribe muy bien.
Me alegra mucho saber de ti y espero que tengas un buen verano

David Carrascosa dijo...

Querida Maria Jesús, veo que sigues dándome envidia por estar en tan bello lugar. Espero que Juan y tú lo disfrutéis.

No sé si veréis a Emilio y a Araceli; en ese caso les dais un abrazo de mi parte.

Besos

David Carrascosa dijo...

Saludos desde un abrasador Madrid. Espero que estéis en la gloria.

Si veis por allí a Emilio y a Araceli les das un abrazo de mi parte.

Besos