lunes, 8 de diciembre de 2008

QUE LA SANGRE NO OCULTE LAS HERIDAS


La única forma de prevenir la lacra de la violencia de género es desarrollando la Igualdad. Los avances legislativos y las esferas de actividad conquistadas por un amplio sector de mujeres no pueden llamarnos a engaño. El trabajo no está concluido. La igualdad real está en mantillas y esto no puede simplificarse reduciéndolo a la esfera de lo doméstico. Es toda una cultura, una concepción de la vida, la que se tambalea y cuyos cimientos se resquebrajan cuando las mujeres deciden convertirse en dueñas de su destino; cuando asumen su libertad y responsabilidades de forma semejante a sus equivalentes humanos. Un fenómeno de consecuencias sociales económicas y emocionales de una magnitud no valorada en toda su dimensión.
La construcción de la Igualdad es un proceso conflictivo, una situación donde la fractura y el caos están presentes como elementos inevitables de una crisis, de la descomposición de un orden viejo, cuyo final alumbrará otra concepción de la vida y nuevos roles para hombres y mujeres.
La dificultad de este proceso está mostrando su lado más doloroso y también más llamativo, tal vez el freno intuido como más contundente para detener la carrera de las mujeres en pos de su propia libertad: la violencia de género, que incluye tanto los diversos tipos de maltrato como la muerte.
La sangre es demasiado llamativa y es difícil no posicionarse cuando mana de las heridas infligidas por el maltratador. Pero incidir solo en este hecho, aislándolo a la hora del combate, puede ser una trampa de difícil y lenta salida. Podemos ser un buen número poniendo voz a la condena de la violencia, y uno bien exiguo a la hora de arrimar el hombro para erradicar las causas. La sociedad se alarma pero no está identificada con las víctimas. Incluso la alarma es pequeña: la violencia de género ocupa el puesto número 23 en el orden de nuestras preocupaciones, está muy lejos de producir la reacción necesaria y más aún de generar la implicación indispensable para trabajar en las raíces y desarrollo del fenómeno, a fin de prevenirlo y erradicarlo.
La violencia con resultado de lesiones o de muerte solo es el final de un grave proceso de discriminación y minusvaloración social de las mujeres, que antes de los golpes ya han sido psíquicamente maltratadas por sus compañeros. Es el síntoma más grave de una enfermedad crónica, que requiere un tratamiento de gran calado: una serie de actuaciones educativas tanto regladas como no formales que complementen y se enmarquen en todo el avance legislativo conseguido, una serie de medidas correctoras de la discriminación y de las cargas que lastran su desarrollo personal o profesional. Es así como se construye la igualdad, como se cambian hábitos y actitudes, como se educa en otro concepto de relación humana entre diferentes sexos. Pero esto conlleva una pérdida de prerrogativas ancestrales y genera una resistencia cuyo alcance y riesgo empezamos a conocer y debemos prevenir. Porque el peligro acecha, también, a las mujeres que se implican en el esfuerzo transformador de una sociedad que permite injustas desigualdades con sus congéneres, que mira hacia otro lado o se disculpa con otras ocupaciones cuando se trata de erradicar una lacra tan vergonzante como la violencia machista que no cesa. Las amenazas y el insulto, preludios de mayores peligros empiezan a llegar organizadamente a sedes de asociaciones y a líderes feministas. Son también las manifestaciones más llamativas de una resistencia latente que se ejerce, más solapadamente, en muchos ámbitos sociales desde hace mucho tiempo con las mujeres dedicadas a esta causa.
La construcción de la Igualdad es un proceso duro y solo está en sus comienzos: ¡no nos equivoquemos! La justicia y los hospitales no evitan que muchas mujeres acaben en los cementerios. Hay que llevar a cabo una ingente tarea intermedia.¡Pongámonos todas y todos a ello!


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Te escribí un comentario sobre este extraordinario articulo,pero no se porque razón no se llegó a publicar.
Tambien aprovechaba la ocasión par desearos un feliz 2009 y que nos traiga a tod@s mucha paz y amor, especialmente a los que estan en guerra y con nuestro granito de arena podamos ir construyendo un mundo mejor.
Un abrazo.
Marga

María Jesús dijo...

Gracias querida Marga.Acabo de ver tu correo y es el único que me ha llegado.También te recordé mucho estas fiestas y se que te fuiste a la casa del pueblo.Yo he estado algo descuidada con las felicitaciones,pero no en el recuerdo ni en el sentimiento.Y también te deseo dicha y alegría, pero como tú, lloro por este mundo que no sabe acabar con las guerras ni con el feminicidio que nos abruma.
Gracias por tu inestimable valoración de mi artículo.Besos.

París dijo...

Un artículo espléndido sobre una nada grata y muy frecuente realidad.

En mi opinión, una sociedad como la actual si precisa, como parece ser,una ley de violencia de género ...,muy poco evolucionada está.
Y por otro lado, habiéndola, si no se provee de instrumentos y dotaciones para su desarrollo y aplicación inmediata, aun peor.

Permitidme un juego de palabras que para nada pretende ser una burla de algo tan serio. Pero la violencia es deplorable, insostenible y despreciable en todo su género. Como los que la practican. Ya sea física o psíquica. Hasta en la literatura o el cine me repugnan. No hay justificación posible

Hablas de igualdad y a los que hemos sido educados en ella, nos parece lo más natural. Pero queda camino por hacer.
Todo al final pasa, en mi opinión, por la educación, el respeto, el civismo. Educación para ser persona y ciudadano.
Un abrazo

Maria Jesus dijo...

Ah, querido Paris.Tu si que fuiste educado en la Igualdad, pero no todo el mundo.
Un abrazo.