domingo, 25 de septiembre de 2011

¡Hay que redoblar esfuerzos!


Si queremos evitar el frenazo en los logros de Igualdad conseguidos en las últimas décadas, porque los nubarrones amenazan incluso al sur.
Hubiese preferido reanudar mi tarea este otoño plena de optimismo, del que se supone derivado de unas largas vacaciones. Pero ni la brisa marina, ni el rumor de las olas, ni los largos paseos por el agua que tanto me complacen y serenan, han podido adormecer mis alertas ante un mundo en crisis. Y nada más volver se han se han activado al máximo.
Cuando era niña y amanecía afiebrada sin un motivo claro, se consideraba consecuencia de un estirón, un contratiempo fácilmente superable. Así solía suceder, y también que, al levantarme de la cama, algún vestido se me hubiera quedado corto, unos zapatos pequeños o unas mangas raquíticas.
Solo has crecido, ha sido una crisis de crecimiento, me comentaban. Pero en esas mismas circunstancias algunas niñas y niños morían. A mis preguntas inquietas respondían que estaban muy débiles, mal alimentados, que las familias eran pobres. Para añadir enseguida lo afortunada que yo era, ya que todo el mundo no tenía para comer lo suficiente. Para resistir había que estar fuerte.
De este modo, para mí, crisis y crecimiento eran fenómenos que iban unidos, comportaban enfermedad y fiebre de mayor o menor intensidad, con riesgo de muerte para los débiles y carente de él para los bien alimentados.
Ahora gran parte del mundo que habitamos, mi hermosa Europa, mi país y mi patria chica: todo lo que quiero y me rodea y me inquieta, arde de fiebre. La sociedad se agita convulsa en continuos sobresaltos, en una interminable crisis; y ni los considerados expertos saben como ni cuando saldremos, si es que salimos, de esta enfermedad causada por un crecimiento desaforado y antinatural, además de otros virus difíciles de combatir.
¿Y están los avances de las mujeres tan fuertes y arraigados como para resistir esta envestida? Mucho me temo que no puedo ser optimista. Para empezar creo que tendré menos lectores/as de lo habitual, porque parece que no escribo sobre lo que preocupa a la gente: la crisis económica, el desprestigio de la política o la falta de trabajo.
Tratar temas de mujer en estos momentos se considera casi una ligereza o frivolidad, que ya es un indicio de falta de fuerza; pero hacerlo es también un modo de aumentarla. Una forma de abordar lo que hoy se considera únicamente importante: el desempleo, la debilidad de la Economía y la falta de talento político.
La escasez de trabajo afecta doblemente a las mujeres: las priva, por una parte, de ingresos e independencia. Por otra, la disminución de gasto social, el recorte en prestaciones para dependientes o en creación de escuelas infantiles, las devuelve a su función de cuidadoras y soporte de las cargas familiares. En las grandes dispensadoras de servicios sociales que todavía muchas no han dejado de ser, o que compatibilizan trabajando doble jornada. Es decir que se priva a la sociedad de parte del rendimiento económico de mujeres preparadas para producirlo.
En situación de crisis, además, resulta muy difícil aspirar y reivindicar una organización empresarial que permita una verdadera conciliación laboral y familiar, sobre todo en un país como el nuestro, en el que tanto se confunde la productividad con las horas de permanencia; es decir, con calentar el asiento porque al jefe o jefa, que no tiene prisa, no le gusta que la gente se vaya a su hora. Donde la “incultura” empresarial no ha asimilado que, unos horarios que liberen tiempo para la familia y el ocio fomentan la satisfacción de la persona, lo que potencia su rendimiento en cuanto aborda.
En momentos convulsos aumentan las posibilidades de recrudecimiento del machismo latente, en forma de frenos superficialmente racionales, que puede detener el camino hacia una sociedad paritaria. Abundan pequeñas y grandes señales que nos alertan, desde las procesiones con Mantilla y los bailes de presentación en sociedad de damiselas, al incremento del trabajo a tiempo parcial, que como sabemos van asumir las sobrecargadas. Y, por si esto fuera poco, como el tema de la Igualdad no siempre es atractivo ni prioritario para toda la gente progresista, va a disminuir notablemente la presencia y actividad de las mujeres en política, privándonos de su innegable talento. Muchas de nuestras conquistas, si no somos fuertes sino redoblamos nuestros esfuerzos pueden morir en esta crisis. O quedarse raquíticas.

6 comentarios:

Carmen Pérez Carballo dijo...

No sé, María Jesús, si está tan arraigados y consolidados los logros en cuestión de género, femenino. En muchos sectores, sí. En otros... están en la cuerda floja. En otros, ni existen. Y creo que se puede comparar con otros logros en otros sectores sociales, como el conjunto de los trabajadores. Tenemos mucho adelantado -recuerdo los Pactos de la Moncloa, las primeras negociaciones de convenios colectivos, las primeras elecciones sindicales....- en esta materia, pero... ¿no crees que estamos yendo para atrás como el cangrejo? La situación, o en nombre de la situación, nos hacen dar pasos atrás en materia social, que tardaremos en recuerar de nuevo. Quisiera ser optimista, pero creo que es preferible ser realista. Y además, en el campo de la mujer, hay dos tipos de lucha, una de ellas mucho más dura que la otra: la social, y la individual. Es en la primera donde podemos ver -o seguir viendo- retroceder derechos adquiridos y asentados. Avances. En el otro... queda mucho por hacer. TODAVÍA HACE FALTA EL 016! En fin... que tendremos que sacar fuerzas de flaqueza, porque retroceder... supondrá volver a defender partiendo de menos cero.

Alejandra dijo...

Se avecinan malos tiempos.

Maria Jesus dijo...

Querida Carmen: claro que se pierden derechos sociales, pero es que a las mujeres les afecta doblemente esa pérdida porque además pierden visibilidad,representación y poder, que aún era escaso.Sin poder lo anterior solo es un primer paso, y sin las tres cosas no se logrará ningún derecho social imprescindible... ni las medidas que nos equiparen.

Maria Jesus dijo...

Querida Alejandra, no se avecinan, ya han comenzado, aunque espero y deseo que a ti no te alcancen.Besitos

Elisabet dijo...

María Jesús, hola. Creo que el tema MUJER justamente ahora es más oportuno e interesa más que nunca. No creo que sea frívolo tratarlo. Además, las que aguantan y dan los primeros pasos para salir de una crisis siempre han sido las mujeres, a mi ver. A lo mejor de manera no tan visible, sin salir en portada, pero sí efectiva. Las mujeres nos las ingeniamos y tenemos formas creativas de salir adelante, y si no, que se lo pregunten a nuestras madres y abuelas.
En todo caso, me parece que no se trata de ser optimista ni pesimista, sino de ponerse a hacer algo ya, e intentar mejorarnos a nosotras y mejorar nuestro entorno tanto como podamos. Seguro que eso ayudará de alguna manera, y también contagiará positivamente a otras personas.

Un abrazo y ánimo.

Montse

Maria Jesus dijo...

Hola Montse.Muchas gracias por leer mi entrada.Y más por dar tu opinión, que es bastante reconfortante.
Lo del pesimismo es una forma personal de ver la situación.Han sido tantos años de lucha, de ver como se iba construyendo un mundo más justo para nosotras,una lucha que ocupó mis mejores años,y los logros no los veo seguros.Pero es estupendo que gente como tú tengan la percepción de que cada una de nosotras debe esforzarse y contribuir con su talento a superar la mala racha.Realmente esa concienciación y esfuerzo es lo que
pretendo estimular con mi artículo.
gracias y un beso