martes, 28 de marzo de 2017

ANTES DE QUE ACABE MARZO

            
  
                          ANTES DE QUE ACABE MARZO

En el 2017 puedo decir que he dedicado más de 30 años a trabajar decididamente por la igualdad de género, y toda mi vida consciente apoyando las reivindicaciones de las mujeres. Ello me ha permitido aprender algunas cosas y obrar en consecuencia. No voy a empezar enumerándolas porque no quiero que nadie se confunda pensando que ha variado mi posición. No. No ha cambiado, solo he dejado la primera línea aunque sigo defendiendo la causa feminista desde la retaguardia; y de vez en cuando hablo, o escribo que es otra forma de hablar. Porque después de tanto tiempo el trabajo en pro de la Igualdad sigue siendo tan necesario como en mis comienzos.
 Estamos en un tiempo nuevo. La sociedad ha cambiado. Hay otras leyes, pero sobre todo hay otras actitudes y comportamientos en las mujeres, incluso  en las que dicen no ser feministas o no se consideran tales porque confunden el concepto. Un par de pasos, casi siempre, por detrás, también han cambiado muchos hombres.
 En este momento nuevo quedan grandes problemas pendientes de resolver. Por nombrar algunos, los más importantes como la igualdad de salario a igualdad de trabajo o un reparto efectivo y mayor de las cargas familiares, parecen pequeños comparadas con el ensañamiento de la violencia machista con resultado de muerte. Todos estos campos necesitan una gran dedicación de las generaciones que se han beneficiado de las conquistas logradas por aquellas otras que ya necesitamos un relevo.
 Y digo todo lo anterior porque junto a los logros conseguidos  aparecen también vicios derivados del empoderamiento de ciertas mujeres, que con su proyección pública deberían ser un ejemplo del buen uso del poder.
 Siempre he creído y creo que hombres y mujeres somos equivalentes. Iguales en la diferencia. Esto significa que en ambos géneros hay grandes valores para sumar, nunca para imponer; y también vicios múltiples que corregir.
 Nada enriquecerá el bienestar de la ciudadanía ni las relaciones humanas si el empoderamiento de las mujeres nos lleva a adoptar roles absolutamente masculinos, que de hecho están más viciados porque llevan encima toda la Historia detentando el poder, y todavía lo poseen de un modo casi absoluto en muchos sectores. Pero el hecho de que muchas mujeres hayan tocado el cielo no siempre ha aportado aire fresco. Y aquí es adonde pretendía llegar: a  la decepción que nos producen a tantas luchadoras determinados comportamientos empresariales y sobre todo políticos, de mujeres que deberían representarnos y que actúan con la deslealtad y falta de nobleza que otrora utilizaron hombres poderosos para llegar a la cima. La ambición de progreso en su justa medida puede ser positiva. Pero cuando no repara en medios turbios es hasta obscena.
 Toda mi vida he apoyado a las mujeres para que estuvieran en primera línea. He defendido las cuotas en su día para que tantas cualificadas no se quedaran en la cuneta. Pero he aprendido que no todas lo merecen. Y hay que seleccionar con mucho rigor.  Y como  siempre consideré a las que di mi apoyo merecedoras de él, seguiré en esa línea .Y nunca lo daré ni votaré  a ninguna mujer cuando haya demostrado que, como tal, no encarna valores nuevos y si todos los vicios de generaciones machistas.




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