lunes, 5 de marzo de 2012

Marzo de 2012:ALGUNOS LAMENTOS Y UN POEMA


Las mujeres creíamos haber logrado tantos avances... aunque no ignorábamos que siempre se puede retroceder. Pero lo posible parecía improbable.
Pues bien, ya está aquí la decepción. La alternativa pesimista se ha hecho realidad: ha comenzado el retroceso en los logros que tanto esfuerzo nos había costado a quienes nos implicamos en su día en la lucha por la Igualdad, la libertad y la dignidad de las mujeres.
El ministro Gallardón ha decidido modificar la ley de interrupción de embarazo. La que más esfuerzo y tiempo había costado conseguir en sus últimos términos. Un punto muy sensible en las reivindicaciones de tantas mujeres: decidir libremente sobre su maternidad. No temer acciones penales sumadas a la ya dramática decisión de abortar. Porque es dramática la tesitura en la que se encuentran la mayoría de las mujeres que por fundadas razones toman esta decisión. Las frivolidades, que también pueden darse, son en este asunto escasas.
Y esta medida de reforma de la ley solo es la más llamativa de las decisiones políticas tomadas por el actual Gobierno Conservador, con harta premura, contra las justas aspiraciones de las mujeres.
Todos los famosos recortes tienen en ellas a las personas más perjudicadas.
Ellas son las primeras en perder el trabajo, en acogerse a jornadas reducidas, peor remuneradas. Y no le quedan alternativas al reducirse las aportaciones al estado de bienestar: No podrán pagar guarderías privadas para sus hijos y no tendrán posibilidades de llevarlos a las públicas, escasas y con menguadas o suprimidas ayudas. Tendrán que cuidar de sus mayores o/y dependientes, porque se reducen y limitan gravemente las aportaciones económicas y las plazas en centros de día o residencias públicas. Las privadas no subvencionadas son inasequibles para la mayoría de las familias. Y en ellas el cuidado recae siempre sobre la mujer.
Las políticas conservadoras nunca han apostado por la promoción de las mujeres ni han favorecido su libertad. El actual Neoliberalismo las empuja de nuevo a las funciones desarrolladas en la cultura patriarcal: a ser las dispensadoras gratuitas de los servicios sociales demandados por la sociedad. El estado ahorrará gastos conduciéndolas de nuevo a una forma de esclavitud. Privatizando el problema de la atención a niños, dependientes y mayores, lo devuelve a las mujeres que a duras penas habían conseguido liberarse, en parte, de él.
Podríamos lamentarnos de muchas más cosas, pero en este 8 de Marzo me conformo con que reflexionemos sobre lo mencionado, porque, pocas y todo, no son estas cuestiones, para las mujeres, moco de pavo.
Además este marzo que no pinta bien para nosotras, o precisamente por eso, quiero dedicar un poema a mis congéneres, aunque como he dicho en otras ocasiones, no somos mejores ni peores que los hombres, solo equivalentes, pero siempre nos toca bailar con el más feo. Y porque gran parte de ellas, las que se sienten solidarias, las que son buenas amigas, las que se esfuerzan por mejorar el mundo de todas y todos, se lo merecen. Y por eso quiero celebrar con ellas este marzo de 2012 el Día de la Mujer.
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Eres como la buena tierra, amiga,
eres como la buena tierra
donde despiertan las semillas
donde cunde la siembra
y las raíces se multiplican.
Eres tierra fértil y blanda
suave y dócil a la azada
que abre diestramente tus entrañas.
Cobijo de simientes germinadas
abrigo de tiernos tallos
alfombra de flores blancas.
Eres buena tierra, resistente y blanda.
Sensible a sentimientos
que cual semilla atrapas
y transformas en tallos vigorosos,
en ramas de verdes hojas
en cálices estambres y corolas,
en dulces y sólidos amores.
Eres como la buena tierra, amiga,
donde perdura cuanto crece
hasta el fin de su ciclo.
Eres blanda y suave
pero constante y firme.
Y esto... no se contradice.
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jueves, 16 de febrero de 2012

¡AY MÍSERA DE MÍ! ¡AY INFELICE!

¡Cuántas veces me siento impelida a replicar a santones de nuestros más selectos medios! Y lo que es peor, casi siempre por los mismos motivos. Por si eso no fuera suficiente, también, a veces me toca lidiar con intelectuales que, podría decirse, comparten mi ideología.
Pero es que la cuestión de la desigualdad de género está tan arraigada, que habría que utilizar azadones, manejados por gigantes, para arrancar sus raíces de lo profundo de la cultura humana.
Y me refiero, cómo no, a la mentalidad patriarcal, que hay quien considera erradicada porque no rasca. Pero que, a veces, ni es necesario rascar sino leer detenidamente para darse de bruces con ella.
Y es de ese modo como ¡mísera de mí! modesta bloguera, persona irrelevante y además mujer, cometo la osadía de responder a uno de los varones relevantes de nuestras letras, a D. Felix Azúa.
En concreto al artículo publicado en El País el 7 de febrero de 2012.Y aunque sé que le hago publicidad inmerecida, incluyo, por sentido del rigor, el título: ¿Ha dicho usted ideas políticas?
En él hace un análisis, a su modo, de las candidaturas socialistas a la secretaría general del PSOE en el Congreso recientemente celebrado en Sevilla.
Quiero empezar aclarando que me es indiferente por quién haya tomado partido, que, además, y dicho sea de paso, no deja bien parado a ninguno de los candidatos. Tal es su nivel de exigencia, por lo demás perfectamente legítima.
Añado que, racional y personalmente, puedo haberme inclinado por papá o por mamá, pero estimo y valoro a ambos en lo mucho que se merecen. Son dos personas bien diferentes con muchas ideas compartidas y lógicas diferencias. Además de limitaciones, ya que no hay nadie absolutamente perfecto para la función que sea, ya que siempre se mejora en el ejercicio.
Papá y mamá pueden ser diferentes y sin embargo ejercer positivamente la función paterno-materna de encontrarse solos, al margen de que el hijo o hija pueda tener sus preferencias.
Si el señor Azúa hubiese razonado solo sus preferencias, aludiendo a las virtudes de la persona elegida o a las carencias de su oponente, sin duda este articulo nunca habría sido escrito. De modo que, la indignación que me causa con algunas de sus afirmaciones se contrarresta con el estímulo a la acción placentera de escribir, lo que me permite hacerlo con la objetividad necesaria.
Y no voy a comentar todas y cada una de las envenenadas alusiones que hace respecto hacia los ya excandidatos socialistas, entre ellas la de que no han expuesto una sola idea, que no pienso que no fuesen necesarias más, aunque yo les he escuchado unas cuantas. Pero claro, yo no llego al nivel de exigencia del comentado articulista y además soy mujer. Y esto no lo digo de forma gratuita ya que se relaciona de manera intrínseca con el leitmotive de mi respuesta.
El señor Azúa dice que, eligiendo a Rubalcaba, el PSOE ha evitado el suicidio por los pelos. Que la exMinistra Chacón representaba lo peor del zapaterismo, como si el exPresidente del Gobierno hubiese sido una basura, para concluir que con Chacón a la cabeza habríamos caído en “la persecución del Castellano”, en “la amistad con amigos de terroristas” o en la VANGUARDIA DEL FEMINISMO.
Es decir, nuestra seria y solvente exMinistra de Defensa tiene entre otros graves defectos el de estar en la vanguardia del Feminismo, elemento venenoso introducido en el fuego que arrasa al Partido Socialista. A saber que pensará el escritor de que la gran política que es Elena Valenciano, de profundas raíces feministas, sea su actual secretaria de organización.
Pero donde remata su trasfondo machista es cuando considera que con Rubalcaba “al menos” (tampoco le convence, pero ahí nada debo objetar) podremos tener un Socialismo adulto.
Toda la trayectoria de Carme Chacón y su experiencia política, como dos veces ministra, vicepresidenta del congreso, diputada etc. no la convierte en adulta, porque en la cultura Patriarcal ya se sabe que las mujeres siempre hemos sido menores de edad.
Y que nadie se equivoque. Para mí en el Congreso esto ha quedado resuelto, y, además, yo no peleo por el pasado. Solo analizo el presente y miro al futuro con la inquietud de tantos y tantas.

lunes, 2 de enero de 2012

NUEVO AÑO Y PRIMERA MUERTE


Y fin de la Paridad en el gobierno de España.¿A quién importa esto? Creo que a unas cuantas feministas que mucha gente considera trasnochadas.
La Ministra de “no sé cuantas cosas” habrá lamentado el nuevo feminicidio ante los medios, como es su obligación; eludiendo, si puede, hablar de violencia de género. En las noticias será una de las menores, porque la audiencia querrá oír o leer lo que el Gobierno restará a los ingresos de los siempre, eso sí, para justificarlo y apoyarlo en su durísima labor. No importa que prometiera en campaña, una y otra vez, no subir impuestos. La Derecha tiene siempre patente de corso para hacer lo que se le ocurra, y nadie dirá que improvisa o incumple.
El panorama internacional está que arde y tenemos a Irán disparando misiles, a Siria asesinando disidentes, a Rusia indignada por el pucherazo electoral, y la primavera Árabe estancada o al menos sin progresar adecuadamente.
En este contexto a quién puede interesarle que un hombre haya matado a su mujer, si además, el pobre, sus razones tendría porque se suicidó a continuación, y además eran ambos extranjeros. Que digo yo, por qué no se suicidaría él primero, dejando la muerte de su pareja para otra reencarnación.
Pero, claro, yo soy una de esas feministas que se empeñan en hablar de lo que a nadie le importa, intentando poner un grano de arena o de cordura en una sociedad que gira ensimismada en la orbita del poder o del dinero: en conservar el que tiene o en valorar el que pierde. Y no me refiero a quienes deben precisamente hacerlo para sobrevivir con dignidad o simplemente sobrevivir, porque esos son arrastrados, involuntariamente, a la infernal rueda por circunstancias que no han propiciado.
Por eso, aunque no se escuche, mi voz seguirá repitiendo que los asesinatos sexistas son el extremo de un grave problema de desigualdad de género que afecta a millones de mujeres en el mundo. Un problema de dimensión universal del que hay miles de víctimas cada día sobre la tierra.
En nuestro País íbamos por el buen camino del esfuerzo legal, educativo y simbólico (los símbolos tienen, en cuestiones de género, una eficacia importante) pero hace algún tiempo se invirtió la tendencia.
En estos momentos el actual Gobierno no cumple la Paridad, en el Congreso de los Diputados no se ha incrementado la presencia de mujeres. En nombramientos de segundo y tercer nivel del aparato gubernamental, por el momento, la presencia femenina escasea y no solo no se critica sino que incluso se justifica o se silencia. Cuando no se pronuncian disparates como el de que “la paridad puede ser cuestión de calidad”, en un momento en que hay miles de mujeres incluso mejor preparadas y con expedientes tan o más brillantes que los hombres.
Como ciudadana consciente del momento crítico que vivimos, y persona afectada personal y familiarmente por la crisis, no ignoro la magnitud de los problemas económicos, morales y sociales que nos afligen, pero no puedo separar unos de otros, porque forman un todo. La carencia de ética, la insolidaridad y la ambición desmedida son caldo de cultivo de la corrupción, y ésta daña gravemente a la economía y a la convivencia de la sociedad, generando todo tipo de desigualdades y situaciones precarias, en las que las mujeres se verán aún más afectadas. Por eso no podemos aparcar o dejar en último término las cuestiones de género en estos momentos. La Igualdad debe seguir siendo un tema político de primer orden, las mujeres no pueden ser reducidas de nuevo a dispensadoras gratuitas de servicios sociales, no pueden ser destinadas a tareas secundarias, a desempeñar roles de segundo orden, porque todo ello mermará su autonomía y la posibilidad de ser consideradas equivalentes, no supeditadas al poder del varón; condiciones imprescindibles, entre otras, para que dejen de matarlas.

sábado, 8 de octubre de 2011

A PROPÓSITO DE UN LIBRO (El País de las mujeres de Gioconda Belli)



Las mujeres están tan hastiadas de tocar cada día una realidad creada y manejada por la cultura machista, que se rebelan y organizan para llegar democráticamente al poder y establecer un gobierno hembrista. Y digo hembrista consciente de que no quiero decir feminista, porque ambas palabras no significan lo mismo.
El hecho ocurre en un pequeño país centroamericano, cuyas dimensiones permiten una relación muy cercana, como de vecinos/as de barrio, entre la ciudadanía y sus gobernantes.
Y aunque este gobierno atípico lo hace, a veces, con renglones torcidos, acaba escribiendo derecho; lo que les permite, incluso, establecer acuerdos con las mujeres conservadoras, pese a ser un denominado Partido de la Izquierda Erótica.
Esta ficción utópica da pie a un libro original y personalísimo de Gioconda Belli. Un libro de aparente lectura fácil, pero de aceptación difícil sino se repara en el gran sentido del humor y la intencionalidad de la autora, que posee un profundo conocimiento de las pequeñas y grandes dificultades que la sociedad, todavía, presenta a las mujeres que buscan su plena inserción en ella.
La novela invita a la reflexión y a la sonrisa. Dos fenómenos que no tienen porque ir disociados.
Una obra que requiere apertura hacia la novedad literaria, y también una interiorización del compromiso con la defensa de la Igualdad de la Mujer, que permitan entrar en el juego de ficción conscientes de él y sin prejuicios.
Escrita en una prosa clara y precisa, con un lenguaje rico y expresivo incluso en los modismos locales, algunos párrafos sorprenden gratamente por la capacidad de transmitir en pocas líneas todos los matices de una situación. En otros, deja asomar un cierto lirismo que manifiesta la capacidad de la autora para la belleza formal.
No soy, ni quisiera ser, crítica literaria. Solo pretendo comentar, cuando me place, mis opiniones de lectora que también escribe.
Añado que, otros libros, de los últimos leídos, pueden haberme complacido más, bien porque me han conmovido o por mayor cercanía a mi sensibilidad literaria. Pero ha sido muy enriquecedor para mí leer El País de las Mujeres, y más en este momento de convulsión social y política, donde la corrupción, la ambición desmedida y la falta de escrúpulos, sumadas al desgobierno de los poderosos, tienen sumido en un caos a gran parte del mundo.
Emociona ver como Gioconda Belli, en su parodia de gobierno femenino, pone de relieve la visión que tienen las mujeres de los problemas comunes. Su particular forma de afrontarlos, con imaginación y sentido práctico.
La autora hace una llamada al empoderamiento de las mujeres, como única forma de enriquecer la acción política, además de fomentar el equilibrio de sexos, que es la mejor forma de perfeccionar la democracia. Y esto ya no es solo utopía en la mente de la novelista. Porque, mientras tecleaba este artículo, se han producido hechos que me han inclinado a modificar su final. A incluir una nota de optimismo: los pensamientos expresados empiezan a ser comprendidos en el mundo. Empiezan a calar hondo en importantes sectores de la sociedad. Prueba de ello es que tres mujeres se han hecho merecedoras del premio Nóbel de la paz por su actividad política, social y cultural
El Comité del Nóbel ha manifestado que, en estas tres mujeres, han querido reconocer la contribución que, todas las del mundo, prestan en los procesos de paz y reconciliación. Y es que, no sucede solo en el libro de Belli. La llegada al poder de las mujeres, allí donde se produce de forma real, transforma positivamente el entorno.

domingo, 25 de septiembre de 2011

¡Hay que redoblar esfuerzos!


Si queremos evitar el frenazo en los logros de Igualdad conseguidos en las últimas décadas, porque los nubarrones amenazan incluso al sur.
Hubiese preferido reanudar mi tarea este otoño plena de optimismo, del que se supone derivado de unas largas vacaciones. Pero ni la brisa marina, ni el rumor de las olas, ni los largos paseos por el agua que tanto me complacen y serenan, han podido adormecer mis alertas ante un mundo en crisis. Y nada más volver se han se han activado al máximo.
Cuando era niña y amanecía afiebrada sin un motivo claro, se consideraba consecuencia de un estirón, un contratiempo fácilmente superable. Así solía suceder, y también que, al levantarme de la cama, algún vestido se me hubiera quedado corto, unos zapatos pequeños o unas mangas raquíticas.
Solo has crecido, ha sido una crisis de crecimiento, me comentaban. Pero en esas mismas circunstancias algunas niñas y niños morían. A mis preguntas inquietas respondían que estaban muy débiles, mal alimentados, que las familias eran pobres. Para añadir enseguida lo afortunada que yo era, ya que todo el mundo no tenía para comer lo suficiente. Para resistir había que estar fuerte.
De este modo, para mí, crisis y crecimiento eran fenómenos que iban unidos, comportaban enfermedad y fiebre de mayor o menor intensidad, con riesgo de muerte para los débiles y carente de él para los bien alimentados.
Ahora gran parte del mundo que habitamos, mi hermosa Europa, mi país y mi patria chica: todo lo que quiero y me rodea y me inquieta, arde de fiebre. La sociedad se agita convulsa en continuos sobresaltos, en una interminable crisis; y ni los considerados expertos saben como ni cuando saldremos, si es que salimos, de esta enfermedad causada por un crecimiento desaforado y antinatural, además de otros virus difíciles de combatir.
¿Y están los avances de las mujeres tan fuertes y arraigados como para resistir esta envestida? Mucho me temo que no puedo ser optimista. Para empezar creo que tendré menos lectores/as de lo habitual, porque parece que no escribo sobre lo que preocupa a la gente: la crisis económica, el desprestigio de la política o la falta de trabajo.
Tratar temas de mujer en estos momentos se considera casi una ligereza o frivolidad, que ya es un indicio de falta de fuerza; pero hacerlo es también un modo de aumentarla. Una forma de abordar lo que hoy se considera únicamente importante: el desempleo, la debilidad de la Economía y la falta de talento político.
La escasez de trabajo afecta doblemente a las mujeres: las priva, por una parte, de ingresos e independencia. Por otra, la disminución de gasto social, el recorte en prestaciones para dependientes o en creación de escuelas infantiles, las devuelve a su función de cuidadoras y soporte de las cargas familiares. En las grandes dispensadoras de servicios sociales que todavía muchas no han dejado de ser, o que compatibilizan trabajando doble jornada. Es decir que se priva a la sociedad de parte del rendimiento económico de mujeres preparadas para producirlo.
En situación de crisis, además, resulta muy difícil aspirar y reivindicar una organización empresarial que permita una verdadera conciliación laboral y familiar, sobre todo en un país como el nuestro, en el que tanto se confunde la productividad con las horas de permanencia; es decir, con calentar el asiento porque al jefe o jefa, que no tiene prisa, no le gusta que la gente se vaya a su hora. Donde la “incultura” empresarial no ha asimilado que, unos horarios que liberen tiempo para la familia y el ocio fomentan la satisfacción de la persona, lo que potencia su rendimiento en cuanto aborda.
En momentos convulsos aumentan las posibilidades de recrudecimiento del machismo latente, en forma de frenos superficialmente racionales, que puede detener el camino hacia una sociedad paritaria. Abundan pequeñas y grandes señales que nos alertan, desde las procesiones con Mantilla y los bailes de presentación en sociedad de damiselas, al incremento del trabajo a tiempo parcial, que como sabemos van asumir las sobrecargadas. Y, por si esto fuera poco, como el tema de la Igualdad no siempre es atractivo ni prioritario para toda la gente progresista, va a disminuir notablemente la presencia y actividad de las mujeres en política, privándonos de su innegable talento. Muchas de nuestras conquistas, si no somos fuertes sino redoblamos nuestros esfuerzos pueden morir en esta crisis. O quedarse raquíticas.

martes, 14 de junio de 2011

AGREDIR CON LA PALABRA


Archisabido que la bragueta es el punto débil del perfecto ciudadano.Pero lo olvidamos. Tendemos a pensar que, en estos tiempos, se han superado determinadas actitudes, al menos en los sectores más ilustrados de la sociedad.
Cierto que vemos, leemos y escuchamos, muchos indicios de que algunos cambios son solo aparentes, y en la medida de nuestras posibilidades alzamos nuestra voz alertando del machismo latente y del emergente, aunque tengamos la impresión de clamar en el desierto.
La reacción política respecto al episodio protagonizado por Strauss-Kan (presunto inocente, ¡faltaría más!) y su, también presunta, víctima ¡faltaría menos! Nos ha puesto de manifiesto como se las gastan en el País Galo en asuntos de género: no se ha muerto nadie, minimiza uno de sus colegas. Es decir: este episodio, aunque se haya producido, carece de importancia..
Por desdicha, la opinión de que las cuestiones de género carecen de importancia está muy arraigada, también en el primer mundo, aunque no lo parezca. Y la banalización de cualquier episodio machista que no termine con sangre es frecuente. Incluso hay quien considera, y lo manifiesta sin pudor, que el maltrato o el crimen de género es provocado por la actitud de la víctima.
Ante este estado de cosas, las personas concienciadas, no podemos pasar por alto ninguna opinión expresada en los Medios, por muy graciosa que pretenda ser, ni por mucha consideración que tenga quien la pronuncia, sin hacer ver al/la opinante que está incurriendo cuando menos en una grave frivolidad. Y digo esto a propósito de un artículo publicado el domingo 13 de junio en un periódico ourensano de gran difusión, que es todo un ejemplo de justificación de la agresión verbal del macho ante la presencia de una hembra atractiva, por el hecho de serlo.
Y digo esto temerosa de que pase desapercibida, incluso para el propio autor del artículo, la gravedad de lo que afirma. Y añado que me ha sorprendido porque, aunque no le conozco, es persona precedida de cierto prestigio en su medio, del que debe ser, además, muy consciente, a tenor del alto grado de autoestima en que parece tenerse: poco menos que la encarnación del ideal del perfecto ciudadano: no robo, no mato, no practico tráfico alguno de influencias, pago mis impuestos y... hasta casi respeto a rajatabla el código de circulación. En fin, que cumple. Cómo hacemos la mayoría de las personas sin proclamarlo. Y, al parecer, eso le exime de la debida continencia verbal al paso de una hembra que le estimule la Testosterona. Y es que a ese señor le justifica lo muchísimo que, desde niño, le gustan las mujeres... Cómo a la mayoría de los hombres, ¡Estupendo! A la mayoría de las mujeres también nos gustan los tíos, sobre todo si son metrosexuales; pero, en nuestra cultura no había figurado, al menos hasta ahora, la creencia en el derecho a importunarles, o increparles, manifestando la atracción estética o sexual que pudiera provocarnos cualquier bello ejemplar de macho avistado. Y esto no nos convertía en reprimidas ni mojigatas; simplemente en educadas.
Cualquier amigo puede recibir de las mujeres, o expresarnos con agrado, su admiración estética, afectuosa o atenta, sin que se considere ofensa. Pero no tenemos ninguna obligación de soportar los desahogos sexoverbales de cualquier tío que pase a nuestro lado. Y solo porque pueda enfermar de represión si no nos manifiesta la llamada a los genitales que le despierta nuestra condición femenina.
El articulista de marras ataca de baja manera a dos conocidas políticas que no comulgan con estas actitudes, acusándolas de establecer una nueva inquisición de género, criticando incluso el salario que perciben por dedicarse a temas de Igualdad, es decir a una cuestión menor, sin entidad. Y acusándolas de desconocer el tema.
Personalmente, aparte de todo el respeto, no debo nada a estas dos mujeres: Bibiana Aído y Laura Seara, que trabajan sin descanso en lo más desagradecido e infravalorado de la política, como demuestra el comentado artículo. Pero es de conciencia apoyarlas y valorarlas en cuanto comparto. Y no necesito recurrir a ningún taco, como gracia local para mentes poco ágiles, para decirle al autor de tales afirmaciones, que quién no tiene ni la menor idea de género, ni la más mínima sensibilidad respecto a la agresión verbal que suponen para la mujer ciertas imprecaciones, que llama piropos (¡Tía buena!¡Morenaza!), es el mismo. Y se lo digo a sabiendas de que tal vez se conozca mi réplica, que soy una persona común, y él un personaje local que le asegurará muchas defensas. Pero para apoyar la causa de la mujer hay que tener arrojo, como lo tienen Laura y Bibiana. Pero para escribir su antifeminista diatriba sin temor a réplica, al menos en el mismo periódico, basta con ser conocido en su medio. Aunque empiezo a preguntarme por qué.

jueves, 24 de marzo de 2011

Marzo de 2011: PEDIMOS OTRA JUSTICIA


La que se está ejerciendo no nos vale. ¿Acaso podemos confiar en ella las mujeres?
Siempre ha habido errores judiciales, en casos graves y menos graves y en asuntos de índole diversa. La condena de un inocente lo es en grado sumo. Pero hacerlo a sabiendas es intolerable. Nadie acepta que un juez cometa tan terrible desmán. Ni nadie lo supone de un profesional en su sano juicio, aunque, en ocasiones, puedan producirse errores involuntarios. Como en cualquier actividad humana. Y no es eso lo que nos inquieta a las mujeres que pedimos otra justicia.
Todas somos conscientes de que un delincuente suelto es una amenaza, Pero solo las intolerantes prefieren a un inocente encarcelado, porque el primero podrá hacer daño o no, según se le presente la ocasión, pero el de una condena injusta es casi irreparable.
Por todo lo dicho, cuando alguien dicta sentencias, además de bien formada en la materia debe de ser persona honesta, y convenientemente vacunada contra la parcialidad, porque aún así puede errar.
¿Pero qué puede suceder cuando un grupo de jueces es incapaz de ver ensañamiento en un asesino que asesta a su pareja treinta y siete navajazos, cuándo no ven que ha procurado torturarla antes de quitarle la vida?
¿Cómo puede una mujer, víctima de cualquier tipo de violencia, afrontar un proceso judicial -suponiendo que haya sobrevivido al agresor- sin poder confiar en la ecuanimidad, la preparación y la objetividad de quienes van a dictar sentencia?
El día catorce de este mes de marzo de 2011 se publicaba, en un conocido diario, que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid no había visto ensañamiento en los treinta y siete navajazos que recibió una mujer de su asesino.
En el año 2000, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña tampoco había considerado los agravantes ensañamiento y alevosía en un crimen en el que, una mujer, recibió diecisiete patadas en la cabeza antes de ser estrangulada y descuartizada.
En octubre de 2008, un fiscal rebajó la pena a un farmacéutico que asestó sesenta y dos martillazos a su esposa, porque consideró como atenuante el que la hubiese encontrado en brazos de otro hombre.
Este y otros ejemplos del comportamiento de los profesionales de la justicia dificultan enormemente la solución del problema de violencia de género. No educan en su condena ni estimulan las denuncias.
La Violencia de género es un mal de raíces múltiples y de abordaje complejo. Las mujeres que la padecen lo tienen difícil, pero... ¿Y todos los demás temas sobre los que ha de pronunciarse la Justicia?
El tribunal Superior de Justicia de Madrid, la sede de lo penal, que dictó la sentencia en el caso de los navajazos, es la misma que tramita el caso Gúrtel, así que, en la sentencia de los corruptos, tampoco podemos confiar demasiado en que se produzca una sentencia objetiva y ecuánime. Si le sumamos el caso Garzón, y cuanto en torno al mismo acontece, es fácil sucumbir al desaliento.
Por eso en este marzo de 2011 muchas mujeres deseamos otra clase de justicia para lo que concierne a los temas de género, pero también para todo lo que atañe a la sociedad de la que formamos parte.