domingo 28 de junio de 2009

Y EMPIEZA A VOLVER LA LUZ...



Hojas de terciopelo son las rosas que, sin saberlo, abren rendijas en el bloqueo de mi cerebro. Rojo oscuro y matizado rodeado de rama verde y envuelto en papel transparente con dibujos multicolores. Pétalos suaves al roce de la libélula que se posa, grácil, en ellos.
Miro las flores e intento reconciliarme, una de tantas veces, con mi suerte, de superar mi enfado con el último escollo de la vida. De recuperar el ritmo bruscamente interrumpido una madrugada de abril en Bodrum. Bodrum... un lugar de la costa turca del que solo puede atisbar su belleza, velada por la angustia, en un viaje al aeropuerto.
Las cortinas del alma iban corridas pero la belleza del Egeo se colaba por sus aberturas.
El Egeo, mi anhelo desde la adolescencia, que alcanzado en parte, fue truncado con alevosía por un dios menor, celoso sin duda de que solo recordase a Zeus y a Palas Atenea en el recorrido por la Acrópolis de Atenas. Un dios menor expulsado del Olimpo que merodeaba por las costas de Asia Menor y no me dejó culminar mi sueño. Se interpuso entre mis ojos y el sol y llenó de sombras mi vida. Fue como un apagón. Un apagón cuando no ha acabado de amanecer, y hay que moverse torpemente a tientas.
Realmente tuvo que ser un dios menor. No sería propio de una gran deidad causar tanto caos en la vida de una simple mortal. Quebrar mi paz cuando vislumbraba las costas verdes de Bodrum.
Pero antes de ese día hubo unos pocos felices, con tiempo para la comunicación y la empatía.Para sembrar semillas de amistad en terreno fértil y abonado, que fructificó a tiempo para acompañar mi soledad y mitigar la angustia que rodeó mi estancia en el encierro de Bodrum. Hasta allí llegaron solidariamente nuevos amigos, que al seguir el viaje continuaron acompañándome a través de sus móviles y no me olvidaron a su regreso.
Parte de su cariño llegó incluso hasta mi refugio de Galicia en forma de rosas, de abrazos, de sonrisas. Y rompen ahora mi silencio y vuelvo a asomarme a las páginas de mi Blog, para dejar constancia de mi gratitud a Elba, por sus llamadas, sus palabras de aliento y su entrañable visita con flores a mi casa de Ourense.
Desde este rincón donde ahora escribo, quiero recordar a tres personas que conocimos mi marido y yo en un viaje largamente soñado por mí. En un crucero por el Egeo. Con ellas disfruté de agradables veladas, charlas, risas, alegría... y cuando un dios menor nos precipitó en un hospital de Bodrum, vinieron a consolarnos, trayéndonos apoyo y compañía. Y al zarpar el barco no dejaron de llamarnos hasta que pudimos volver a casa. Y los lazos establecidos continúan a través de las ondas aunque estemos distantes.
A Mariví y Julio, en Cantabria y a Elba, en Madrid, que recientemente me ha visitado, les dedico este intento de regreso al trabajo creativo después del apagón.
¡¡¡GRACIAS AMIGOS!!! Seguiremos viéndonos. ¡¡¡Os quiero!!!

jueves 7 de mayo de 2009

LA OPORTUNIDAD DE COEDUCAR


Hace pocos días leía en un diario de tirada nacional la carta de un escolar de Cantabria. Era alumno de un colegio privado de chicos. Y no entendía que se denegasen subvenciones a su centro por razones de discriminación.


Es más, no consideraba el hecho de excluir a las chicas como un acto discriminatorio. Y de alguna manera lo asociaba a la existencia de servicios para ambos sexos en bares u otros lugares públicos. Además, argumentaba, ¿No tenemos tiempo de estar y relacionarnos con chicas por las tardes o en vacaciones?.


A este chico no van a llegarle mis reflexiones, pero, si fuera posible, comenzaría preguntándole por qué si es positiva la convivencia mixta en el ocio no lo es también en la escuela.


Pero en este momento, en que la política educativa de la CAM no tiene empacho en fomentar, en detrimento de la enseñanza pública, la creación de centros concertados donde se separa a los alumnos y alumnas por razón de sexo, me parece importante hacer pensar a la ciudadanía en la oportunidad, insustituible, de educar para la convivencia y en igualdad que ofrece la enseñanza mixta.


Y también comentar que la separación de servicios no es un elemento en absoluto comparable, como venía decir el joven cántabro. Porque si bien es cierto que, cuando dichas instalaciones reúnen las condiciones adecuadas de privacidad, seguridad e higiene, pueden ser también perfectamente mixtas, no lo es menos que responden a diferencias fisiológicas que se traducen en funciones íntimas diferentes, lo que no conlleva en si merma alguna de la equivalencia, que es el sustrato fundamental de la igualdad entre ambos sexos.


Pero si bien esta comparación nos conduce a determinadas conclusiones, lo que en modo alguno se justifica es la segregación de chicos y chicas en las aulas, porque se desperdicia una oportunidad única e imprescindible de coeducar, y en un importante período de socialización y desarrollo de la personalidad humana.


El contacto de niños y niñas, de adolescentes de distinto sexo no se produce de igual manera en el ocio y en la escuela. Ni siquiera es comparable la convivencia en el seno de la familia, con ser también un medio imprescindible en la formación adecuada de la personalidad humana. Pero tanto en el ocio como en la familia pueden reproducirse roles tradicionales de dominio y sumisión. Y en el primero, los comportamientos no acontecen a instancia de otra influencia que no sea la que, cada sujeto, lleva en sus códigos personales, que puede ser muy diferente no solo según la genética, sino también en función de cómo haya vivido o haya sido educado.


La vieja idea de separación de sexos responde, en gran medida, a la arcaica visión de la mujer como elemento perturbador, como Eva tentadora, que desestabiliza a los hombres adolescentes en momentos hormonalmente complicados.


Cierto que también se maneja el criterio a la inversa para mantener colegios femeninos, con el matiz protector de preservar a las niñas de las acometidas agresivas de los varones.


Pero lo cierto es que precisamente conviviendo y compartiendo aula es cuando se tiene ocasión de educar encauzando debidamente la naturaleza. Es el momento de la educación sexual, que por prejuicios ignorancia o cobardía ha quedado tan desatendida. Con las graves consecuencias que acarrea, como los embarazos y consecuentes abortos que se dan en adolescentes.


En el aula se comparte el mismo trabajo, se persiguen los mismos objetivos y ambos sexos descubren las mutuas capacidades y tienen la ocasión de ser compañeros, de trabajar en equipo y de mirarse a través de otro prisma que no sea el de género. Por ello es una ocasión imprescindible para coeducar. Y la coeducación es un elemento decisivo en la formación de generaciones que habrán de ajustar sus conductas, relaciones sociales y laborales, además de la afectividad, a una situación en la que las mujeres desempeñan roles nuevos y equivalentes a los del otro sexo.


Por lo demás, quienes defienden un modelo de educación separada en función del sexo, convencidos de que el factor de tensión sexual estará neutralizado, desconocen o pretenden ignorar que la heterosexualidad no es el único campo donde hierven las hormonas.

domingo 15 de marzo de 2009

POR DONDE ASOMA LA POESÍA


El mes de marzo siempre me abruma. Personalmente vivo tan concienciada de lo que sucede en el universo de las mujeres que marzo me rebosa.
No quiero decir que no apoye las celebraciones que se suceden en estas fechas. Todo lo contrario, me parecen un instrumento más, imprescindible, para la causa que todas y todos sabemos cual es.
Pero me rebosa por el oportunismo de quienes se apuntan a la foto y nunca se han preocupado del tema. O han segado la hierba bajo los pies de las mujeres que se han dejado sus mejores días luchando solidariamente por un lugar para todas. Soñando con un mundo de armonía y equilibrio entre todas y todos. Pero así son las cosas.
Y aunque no voy a repasar toda la historia es bueno recordar que las mujeres francesas que participaron activamente en su famosa revolución, soñando con ser equiparadas y equiparables acabaron en la guillotina.
El olvido y la marginación de Clara Campoamor fueron notorios, dolorosos, crueles e injustos. Seguimos igual. Aplaudimos un momento a las mujeres que se implican en una sociedad mejor, pero nos quedamos con las que asumen y defienden abierta o solapadamente, según les conviene, la jerarquía patriarcal. Ellos contentos, algunos, los más torpes o inseguros. Y ellas tranquilas, algunas, las más ladinas. Olvidando cuanto, qué y a quién deben los avances que hacen posible su sitio...Y el valor supremo de la Justicia reducido a componendas. Y la gratitud convertida en un pañuelo de papel arrugado dentro de cualquier papelera.
Me agobian las imágenes falsas de todos los medios. Pero apoyo y aplaudo lo auténtico.
Por eso me agobia marzo. Y aunque estamos a mediados, corto y cambio. Y paso a dedicar a quien me lea uno de mis poemas. Ya que tengo que recordar una vez más que aquí también hablamos de Poesía. Dejemos que se asome.

CON EL ALMA DESNUDA
Y me voy por la vida
Con el alma desnuda
Y el corazón abierto
Olvidando que el mundo
Me prefiere vestida
Con corazas de cuero.
Voy tendiendo las manos
Ofreciendo caricias
Sosteniendo desmayos
Y el aire se hace espeso
Desde un mirar huraño
Que detiene mi gesto.
Y es que voy por la vida
Con el alma desnuda
Rebosante de sueños.
Voy pisando descalza
Por caminos hostiles
Esquivando guijarros
Apartando las zarzas.
Y aunque soy cuidadosa
Me arañan con sus ramas.
Me hieren con sus púas
A través de miradas.
Me hieren los silencios
Y también las palabras.
Van tentando mis manos
Senderos en el aire
Mullidos de tibiezas.
Y se encuentran mis dedos
Con agudas espinas
Goteando corales
En abrupta maleza.
Y es que voy por la vida
Con el alma desnuda
Y el corazón abierto
Olvidando que el mundo
Me prefiere vestida
Con corazas de cuero.

sábado 28 de febrero de 2009

EL DOBLE PRECIO DE LA CRISIS



Las mujeres no podemos permitirnos pagar el precio de la crisis por partida doble. Por razón de ciudadanía y de sexo. Y empiezan, en ese sentido, a vislumbrarse signos muy preocupantes.
Cuando el trabajo, que nunca sobra, empieza a convertirse en un bien escaso, se despliegan todas las añagazas posibles para poseerlo. Y utilizo expresión y palabras con plena conciencia de sus matices. No digo se vuelcan todos los esfuerzos por conseguirlo. Porque desear, buscar y esforzarse por lograr un trabajo acorde con nuestra capacidad es algo justo, necesario y conveniente. Pero utilizar el empujón, o la manipulación sutil, para desplazar a otras personas con los mismos derechos, es una bajeza, por más que se hayan perdido valores esenciales en los tiempos cruciales y convulsos que corren.
Lo ignoremos o no estamos en un momento de crisis que no es solo económica. La sociedad, los valores que la conforman, la cultura y el modo de convivencia están inmersos en una catarsis profunda. Y para superarla no podemos aferrarnos a ideas y modelos periclitados. Aunque cuando falla la imaginación para innovar se intenta recurrir a ellos.
Uno de estas viejas ideas, que siempre reaparece en etapas de declive económico, es el intento de favorecer la vuelta al hogar de las mujeres. Un argumento a favor de ello descansa en priorizar la conservación del trabajo del “cabeza de familia”. ¿Pero de qué y de cuándo hablamos?.
La figura de cabeza de familia ya no tiene sexo ni sentido. Las parejas y las familias son diversas. Y los derechos y deberes son los mismos para cada uno de sus miembros adultos. Y en la asunción de roles del futuro no se atisba nostalgia de tiempos pasados.
Otra vieja idea que nos ronda es el fomento de la natalidad. La población envejece. La conciliación laboral es casi una utopía y las mujeres se niegan la maternidad y a la maternidad: ambas cosas. Su vuelta al hogar podría cambiar esta dinámica. E aquí la idea soterrada en múltiples decisiones que se toman, y más aún en las que se omiten.
Pero las mujeres no queremos ser moneda de cambio, ni volver atrás, ni seguir siendo el sostén gratuito o barato de los, cada vez mayores, servicios sociales que demanda la sociedad. Queremos y sabemos hacer también otras cosas. Y la situación de crisis debería ser imaginativamente aprovechada para solventar estos problemas sin convertirnos en víctimas por partida doble de la misma.
El desarrollo de la ley de Dependencia, una más rápida implantación de la misma, podría ser una inversión más rentable y permanente que las obras que van hacer los ayuntamientos con la ayuda del Estado. No dudamos de su pertinencia, ni de la necesidad de financiación de las entidades locales, ni de las obras que se acometerán con esta ayuda, algunas, como las escuelas infantiles en algunos municipios, son imprescindibles. Paliar en lo posible el desempleo es un objetivo necesario y loable. Pero el desarrollo de la ley de dependencia supone también, además de atender gravísimos problemas y abandonos inaplazables, la creación de infraestructuras y de funciones que suponen puestos de trabajo continuos y estables, en manos de profesionales que voluntaria y retribuidamente quieran dedicarse a tales menesteres.
No se puede seguir utilizando a las mujeres, como históricamente ha venido sucediendo, según la situación económica de cada tiempo. Porque somos, y somos conscientes de ello, sujetos activos y productivos de la economía y de la riqueza y del bienestar de toda la sociedad. Y esta no puede ni debe confinarnos en espacios superados, ni hacernos sufrir por partida doble los errores económicos y políticos que han llevado al mundo a este estado de postración económico-financiera y anímica.

viernes 16 de enero de 2009

LA CARICIA DEL CACIQUE

UN CUENTO PARA MIS AMIGAS DEL LICEO
Mi tiempo de invierno en Galicia se acerca al final. En pocas horas rodaremos por la autovía camino de Madrid. Aún no me he ido y ya estoy soñando con volver. Y ello pese a lo mucho que también me ata a la capital de España: familia, amistades y todo el núcleo de una vida desarrollada en sus espacios. Pero las raíces tiran siempre con fuerza, y el calor de los últimos años de este casi retorno las ha fortalecido. La consecuencia es arrastrar el corazón dividido por la daga de una indecisión irresoluble. Del deseo de la ubicuidad absoluta ¡vano empeño! Porque solo hay una insuficiente solución para mi problema, apresar con mis dos manos todos mis afectos, colocarlos al amparo de mi pecho, cerca del músculo que bombea la vida, y transportarlos allá donde me lleven las circunstancias de mi destino.
Ourense, por si alguien lo ignoraba, es la ciudad donde he nacido, el lugar al que más vuelvo, donde encuentro, cada vez que la frecuento, agradable cobijo.
Ourense ha sido, hasta ahora, donde primero se han presentado mis libros, porque es lugar de letras, de letras y de aguas. De aficiones literarias y termales. De ríos, de árboles.
En el abierto y hermoso espacio del Liceo se desarrolla todos los lunes una tertulia literaria. Un grupo de mujeres interesantes, que aman la novela y la poesía, que hacen suyo cualquier tema de actualidad interesante. Que saben de amistad y de finezas. Y que no dudan de disfrutar de vez en cuando, y en literaria compañía, del placer de una buena cocina. Un grupo de gente encantadora, que me ha acogido hace algún tiempo con gran gentileza, y con quienes he compartido muy recientemente una animada cena. Y como corresponde a alguien que ha escrito Placeres recuperados, me he sentido obligada a dedicarles un cuento. Lo escribí para ellas sobre la base de una anécdota real acontecida a una de sus líderes. Tal vez a su líder más destacada. Una persona especial, singular y entrañable, que me regala el tesoro de su amistad y de sus múltiples y ricas experiencias.
Para estas mujeres, con ilusión y cariño escribí el siguiente relato.

LA CARICIA DEL CACIQUE
La pradera rodea la casa como una gran alfombra inclinada, verde y brillante, ligeramente húmeda por la lluvia reciente, como acariciada por un orballo matutino, aunque sea media tarde. El sol que luce con fuerza después del chubasco, juega tímidamente con las últimas gotas de agua, pequeñas pompas relucientes, suspendidas en el extremo de las finas hojas de hierba. La multitud aparece dispersa en sentido ascendente o descendente, según el punto de mira, en el entorno amplio de la casa. Una gran casa, al menos por el aspecto exterior, en la que destaca la combinación de ricas maderas con paramentos de granito. Algo peculiar en Galicia, muy propio de una clase acomodada que conjuga modernidad y tradición con bastante acierto, pero casi siempre en lo particular y en beneficio propio.
La gente, endomingada, charla en pequeños grupos, animadamente, los paraguas convenientemente plegados y los saludos, rápidos, volando cordiales de un lado a otro del amplio espacio. Parece una reunión festiva, pero se trata de un entierro. O de los momentos previos al inicio del cortejo, que llevará al cementerio a un notable de la comarca cuyos despojos han sido velados en alguna dependencia de su casa, aunque ya casi se ha extinguido la costumbre.
Entre la gente que entra y sale del domicilio, que se detiene en la pequeña planicie de la entrada o se dispersa por la colina en que se asienta la casa, camina Ángela, bien pertrechada de elegante bolso y gran paraguas. Saluda a diestra y siniestra en voz alta, aunque mesurada, a la par que intercambia comentarios muy quedos con la amiga que la acompaña .
Ángela es un personaje en sí, aunque ella viva algo fijada en la gloria de sus ancestros. Es culta, dicharachera, viajada, tierna.... y viste siempre impecable y a la última, como demanda la tradición de su ciudad de origen, aunque ha pasado media vida en diversos lugares de Europa. Su trayectoria es tan poco común como su vitalidad, y su aura la hace visible en cualquier lugar. Tal vez por ello, demasiadas veces, huya discretamente del contacto humano para disfrutar momentos íntimos de soledad, aunque le duran poco, ya que no hay acontecimiento interesante del que no se entere ni que se pierda, ya sea cultural o social. Y en el caso que nos ocupa, participa en una ceremonia amistosa de despedida, en el adiós a alguien que ha rozado su afecto o su trayectoria. Alguien con la suficiente proyección como para atraer al acontecimiento a bastantes notables de la provincia. Ángela los conoce a todos. O casi. No importa si hay o no trato Los conoce y es conocida. No en vano hemos dicho que, se lo crea o no, y no solo por la historia que la precede, es un personaje. Pero no el único en este cuadro campestre que no es una pintura, que es una escena viva, con múltiples actores en movimiento en el que destacan diversas figuras. Aunque ninguna como la de don Camilo. Don Camilo es bajo y regordete, y por más que siempre vaya bien trajeado, no pierde cierto aire de campo. Esto no es en si bueno ni malo. Solo es una nota de su persona que sabe utilizar en su provecho tanto... como cualquiera de los dones que le ha regalado la naturaleza, y que en cuestiones de listeza y labia no son pocos. Más bien son tantos que le permiten tener a media provincia en un puño, aunque tal vez se pueda decir entera y el desconocimiento nos haga quedarnos cortos en la apreciación. Durante décadas ha ofrecido, insinuado y repartido, prebendas y favores de diverso calibre. Siempre muy inferiores a las contrapartidas recibidas. Como político avezado ha manejado presupuestos y voluntades consiguiendo la complacencia de muchos, la disculpa de algunos, y la indiferencia de una multitud. Es todo un personaje de hoy fundido en el bronce del cacique de antaño, que en este entierro o prolegómenos de tal, reparte abrazos y saludos y sonrisas a todos y todas las asistentes, sin reparar en las afinidades, porque don Camilo sabe muy bien lo que se hace en público, no en vano lleva a cuestas décadas de entrenamiento.
De modo que, precedido de sus acólitos inseparables, avanza por la pradera que circunda la casa, deteniéndose los instantes justos en el saludo, acercándose a la entrada del velatorio. En un pequeño rodeo se tropieza con Ángela. Nunca han hablado, pero eso poco importa porque que se conocen. Ambos saben quién es quién. Y también las diferencias o las afinidades que representan, y esta es la ocasión para ofrecer a su público la cara campechana y tolerante. Don Camilo se acerca y saluda efusivamente a Ángela, cambia con ella las oportunas palabras de cortesía, excediéndose intencionadamente en los segundos, y antes de proseguir su ruta, ante la toda la concurrencia que no pierde detalle, se despide del otro personaje del modo más entrañable. Sonriente, levanta su mano derecha, que por algo es del todo y en todo diestro, y suavemente le palmea las posaderas con un cariñoso y tierno azote.
--¡hale, adiós!
Ángela disimula abriendo el bolso, buscando algo tal vez inexistente en el interior. Su amiga refunfuña algo así como “quién es este para tocarte el culo”. El publico está mirando ya hacia otro lado y una carroza fúnebre se acerca a la casa poniendo una mancha oscura en el entorno verde, mientras el sol sigue jugando con las últimas gotas de lluvia reciente, que se empeñan en mantenerse al filo de las hojas, siempre finas y largas, de la hierba que no ha sido aún hollada por los asistentes.
---------------------------------------


María Jesús González Vázquez. AUTORA.

Para las integrantes del tertulia del Liceo de Ourense.
Con reconocimiento y cariño.
Ourense 8 de enero de 2009

sábado 10 de enero de 2009

PRETENDÍA ESCRIBIR SOBRE ASUNTOS PLACENTEROS...



Cuando comencé este Blog no esperaba incluir en el tantos lazos negros. De alguna manera deseaba convertirlo en un lugar de comentarios literarios, poéticos, amistosos, gastronómicos... quería dejar a un lado, o para otro lugar, reflexiones sobre temas candentes de la vida a los que ya he dedicado quizá demasiado tiempo y demasiadas líneas, y no solo, aunque también, por el riesgo de repetirme, sino por darme un respiro y por dárselo también a las personas que tienen la atención de leer lo que escribo.
Creo que todas las personas tenemos diferentes facetas personales que mostramos más o menos según las circunstancias, y estoy convencida de que el aspecto más lúdico de mi persona es el más oculto y el más contenido, y quería mostrarlo. Sé, además, que mi afición literaria es más desconocida que mis inquietudes feministas, y también deseaba haberle dado prioridad, además de hablar de mi último libro publicado, Placeres Recuperados, como hacen –y muy bien –todos los escritores y escritoras: promocionar su propia obra.
Pues bien, no he sido capaz. Una vez más los hechos de la vida han tirado de mí obligándome a escribir también aquí, al hilo de los acontecimientos, sobre el drama que sigue pesando sobre las mujeres por el hecho de serlo: la violencia y la muerte.
Y me habría gustado despedir el 2008 sin el horror de los últimos asesinatos de congéneres en diciembre, sin contabilizar 70 víctimas de la violencia de género. También habría querido iniciar el 2009 sin el brutal asedio sobre Gaza, caminar por el recién nacido enero sin el espanto de tantos cadáveres de niños y niñas, de civiles inocentes, de palestinos desgraciados cuya masacre no puede silenciar sin vergüenza ninguna persona de bien y menos bajo el paraguas de ideologías progresistas. Querría haber empezado 2009 con un atisbo de esperanza respecto a la situación que viven las Mujeres Afganas -por citar solo algunas de las más desdichadas- y poder hacer más alegre esta primera entrada del Nuevo Año, pero me resulta imposible sustraerme a tanto sufrimiento humano, callarme ante tanta brutalidad, ante tanta injusticia, ante tanto silencio cómplice, dejar de ser una vocecilla más clamando en el desierto de la indiferencia, de las luces festivas y de las compras, y de las lamentaciones sobre la crisis de quienes apenas la padecen. Pero sin duda, para eso, tendría que haber nacido de nuevo.
De modo que empiezo este año dejando aflorar mi rostro más serio, la congoja de mi alma ante tanto dolor humano, y el sueño de respuestas posibles que no se otean, pero que demando con toda la exigencia que me pide el sentido de la responsabilidad social que no renuncia a ser prioritaria en mis planes.
Así que el rumbo de mi Blog tampoco va marcarlo mi voluntad ni mis intereses este nuevo año. No tengo claro su itinerario, pero aún así, espero poder ofrecerle a quienes me siguen espacios más relacionados con su titulo. Tal vez el próximo.

lunes 8 de diciembre de 2008

QUE LA SANGRE NO OCULTE LAS HERIDAS


La única forma de prevenir la lacra de la violencia de género es desarrollando la Igualdad. Los avances legislativos y las esferas de actividad conquistadas por un amplio sector de mujeres no pueden llamarnos a engaño. El trabajo no está concluido. La igualdad real está en mantillas y esto no puede simplificarse reduciéndolo a la esfera de lo doméstico. Es toda una cultura, una concepción de la vida, la que se tambalea y cuyos cimientos se resquebrajan cuando las mujeres deciden convertirse en dueñas de su destino; cuando asumen su libertad y responsabilidades de forma semejante a sus equivalentes humanos. Un fenómeno de consecuencias sociales económicas y emocionales de una magnitud no valorada en toda su dimensión.
La construcción de la Igualdad es un proceso conflictivo, una situación donde la fractura y el caos están presentes como elementos inevitables de una crisis, de la descomposición de un orden viejo, cuyo final alumbrará otra concepción de la vida y nuevos roles para hombres y mujeres.
La dificultad de este proceso está mostrando su lado más doloroso y también más llamativo, tal vez el freno intuido como más contundente para detener la carrera de las mujeres en pos de su propia libertad: la violencia de género, que incluye tanto los diversos tipos de maltrato como la muerte.
La sangre es demasiado llamativa y es difícil no posicionarse cuando mana de las heridas infligidas por el maltratador. Pero incidir solo en este hecho, aislándolo a la hora del combate, puede ser una trampa de difícil y lenta salida. Podemos ser un buen número poniendo voz a la condena de la violencia, y uno bien exiguo a la hora de arrimar el hombro para erradicar las causas. La sociedad se alarma pero no está identificada con las víctimas. Incluso la alarma es pequeña: la violencia de género ocupa el puesto número 23 en el orden de nuestras preocupaciones, está muy lejos de producir la reacción necesaria y más aún de generar la implicación indispensable para trabajar en las raíces y desarrollo del fenómeno, a fin de prevenirlo y erradicarlo.
La violencia con resultado de lesiones o de muerte solo es el final de un grave proceso de discriminación y minusvaloración social de las mujeres, que antes de los golpes ya han sido psíquicamente maltratadas por sus compañeros. Es el síntoma más grave de una enfermedad crónica, que requiere un tratamiento de gran calado: una serie de actuaciones educativas tanto regladas como no formales que complementen y se enmarquen en todo el avance legislativo conseguido, una serie de medidas correctoras de la discriminación y de las cargas que lastran su desarrollo personal o profesional. Es así como se construye la igualdad, como se cambian hábitos y actitudes, como se educa en otro concepto de relación humana entre diferentes sexos. Pero esto conlleva una pérdida de prerrogativas ancestrales y genera una resistencia cuyo alcance y riesgo empezamos a conocer y debemos prevenir. Porque el peligro acecha, también, a las mujeres que se implican en el esfuerzo transformador de una sociedad que permite injustas desigualdades con sus congéneres, que mira hacia otro lado o se disculpa con otras ocupaciones cuando se trata de erradicar una lacra tan vergonzante como la violencia machista que no cesa. Las amenazas y el insulto, preludios de mayores peligros empiezan a llegar organizadamente a sedes de asociaciones y a líderes feministas. Son también las manifestaciones más llamativas de una resistencia latente que se ejerce, más solapadamente, en muchos ámbitos sociales desde hace mucho tiempo con las mujeres dedicadas a esta causa.
La construcción de la Igualdad es un proceso duro y solo está en sus comienzos: ¡no nos equivoquemos! La justicia y los hospitales no evitan que muchas mujeres acaben en los cementerios. Hay que llevar a cabo una ingente tarea intermedia.¡Pongámonos todas y todos a ello!